Autoestima

La Autoestima y los 4 Candados que te impiden alcanzarla

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Si crees que tienes un problema con tu autoestima y te gustaría mejorar este aspecto, entonces estás leyendo el artículo adecuado. En este completísimo artículo que he preparado para ti  (te invito a que veas la versión en vídeo, justo arriba de este texto) abordo en profundidad los problemas de autoestima y encontrarás mucha información que te permitirá comprender mejor lo que te sucede. Podrás comprobar cómo te identificas con mucho de lo que voy a explicarte, y darte cuenta de cosas que hasta ahora no te habías percatado.

 

Vamos a hablar de los distintos problemas derivados de la autoestima (algunos más graves que otros). Vamos a hablar de las relaciones con los demás, de relaciones de pareja; también de autoexigencia, de ansiedad, de bloqueos que tienes… Y de cómo un pasado difícil te puede haber condicionado, pero también cómo es posible empezar a resolverlo en este presente con la orientación adecuada.

 

Además, a lo largo de este texto encontrarás cuatro llaves. Cada una de ellas abre una cerradura diferente, correspondiente a un candado diferente, que necesitas abrir. Esto es una metáfora que se refiere a cuatro trampas o encierros, basados en cuatro ideas equivocadas, referentes a la problemática de la autoestima, y que te impiden avanzar por el camino correcto. Así que ponte cómodo y lee atentamente hasta el final, para ser capaz de empezar a abrir estos candados, que abren la puerta a la posibilidad de mejorar tu autoestima, para sentirte mejor contigo y avanzar en tu camino vital. 

 

 

Ni blanco, ni negro: ¿En qué grado tienes problemas de autoestima? 

 

La baja autoestima es una problemática compleja. Puede tomar distintas formas, manifestarse en ámbitos diferentes de tu vida y tener distintos niveles de gravedad. Puede suceder que los problemas con tu autoestima se manifiesten mucho en un área de tu vida, pero no demasiado en otra. Vamos a poner un ejemplo de esto. Con frecuencia trabajo con personas que se sienten bien y con cierta seguridad en su desempeño laboral pero, en cambio, tienen muchos más problemas en las relaciones afectivas, acabando en relaciones tóxicas, o estando en otras que quizás no lo sean, pero donde sienten inseguridad, necesidad de aprobación, miedo al rechazo si expresan sus puntos de vista o, incluso, un miedo al abandono que les condiciona mucho la forma de estar en la relación. 

 

Es precisamente en el área de las relaciones uno de los ámbitos donde más claramente se manifiestan los problemas con la autoestima. Más adelante en este artículo hablaremos con detenimiento de ello. Pero en este apartado, me gustaría remarcar la idea de que es importante no simplificar en exceso ni utilizar la etiqueta de “problemas de autoestima” de una forma demasiado categórica. El obstáculo general de las etiquetas es que plantean las cosas como si fueran blancas o negras, y esto también se aplica con la etiqueta de problemas de autoestima. Entonces equivocadamente pensamos que o se tienen problemas de autoestima, o no se tienen, como si fuera blanco o negro. Las etiquetas nos ayudan a orientarnos, pero pueden ser demasiado simplistas. Y lo mismo sucede a la hora de valorar la gravedad del problema que tengas con tu autoestima. Porque entre tener un grave problema psicológico (que incluso pueda requerir tratamiento médico) y no tenerlo en absoluto hay una escala de grises intermedios que es importante matizar. 

 

Lo que es casi seguro es que si tienes problemas de autoestima vas a sentir, con frecuencia, o en varios ámbitos de tu vida, inseguridad. Una inseguridad unida a sentimientos de no ser suficiente. Hay en lo hondo un sentimiento de falta, de no llegar a ser lo que crees que deberías ser, y sentirte culpable por ello. Esto suele ir asociado a una autoexigencia desajustada, con frecuencia excesiva, y muchas veces también a una mala autoimagen. Desde ese lugar, puede suceder que te compares mucho con los demás. En cuanto a la acción, se suelen dar conductas evitativas, debido a miedos ante la posibilidad de que sucedan determinadas situaciones temidas que imaginas. Por ejemplo, miedo al abandono en las relaciones; o una dificultad para validar tus necesidades y poner límites por miedo a un conflicto con el otro. También, de forma general, miedo a equivocarse; y quizás que los demás descubran que eres un impostor. En algunos casos, puede darse miedo a situaciones sociales y la evitación de las mismas; o una excesiva timidez e inseguridad al relacionarse con los demás. 

 

problemas de autoestima

En casos más graves y derivados de un problema de autoestima pueden experimentarse altos niveles de ansiedad, una ansiedad que puede llegar a ser incluso bastante incapacitante. Esto puede impedirte desempeñar el día a día en tu trabajo, pero también afectar en tus relaciones íntimas, o sociales. El aumento de la ansiedad, puede llegar al punto que cosas tan básicas como acudir a lugares sociales y hablar con las demás se vuelva difícil. Incluso, salir a la calle, o simplemente tomar el transporte público, a veces llegan a convertirse en problemas que generan mucha ansiedad. 

 

La ansiedad, que normalmente se siente como nerviosismo, respiración agitada,… muchas veces viene derivada de pensamientos muy negativos y juicios muy negativos hacia ti misma. En este mismo sentido, hay una falta de confianza en ti y en tus propios recursos, que es lo que te lleva a la inseguridad y al miedo. A veces, puede ser también perfeccionismo. En todo caso, al dejarte llevar por la ansiedad, se activa más y más esta presión y la preocupación o miedo anticipatorio a ciertas situaciones temidas. 

 

 

Del mismo modo y en casos que pueden llegar a ser graves, puede suceder que las personas con problemas de autoestima tengan tendencia a experimentar estados de ánimo depresivos que es importante atender a tiempo. Sentimientos fuertes de culpa y autoreproche, que van unidos a sentimientos de tristeza y apatía (sin ganas de nada) se pueden encontrar presentes en ti con distintos niveles de frecuencia. Es muy importante atender la presencia de estos estados a fin de evitar que se instalen de forma habitual. 

 

En resumen, en este apartado te lanzaba la pregunta de en qué grado tienes un problema con tu autoestima. Como puedes ver, hay situaciones más graves que otras, pero lo más importante es que tomes consciencia de tu situación y valorar si necesitas ayuda para reparar o reforzar el barco en el que navegas, que eres tú mismo. E idealmente, hacer esto antes de que los temporales de la vida agiten con fuerza el mar a riesgo de hacerte naufragar. 

 

En el siguiente apartado vas a entender a qué se debe que tengas problemas de autoestima. Vas a encontrar elementos con los que vas a identificarte y comprender también cuál es el primer candado que imposibilita una correcta autoestima. 

 

 

Las dos caras de la moneda: Ir a la raíz de tus problemas de autoestima

 

Hay dos enfoques distintos a la hora de responder a la pregunta sobre cuál es la raíz de tus problemas de autoestima: uno pone el foco sobre tu pasado, y el otro sobre tu presente. Y como las dos caras de una moneda, están unidos. El primer enfoque, sobre el pasado, es el más habitual en el que piensan muchas personas cuando analizan sus problemas de autoestima y sus causas; pero vamos a ver que si solo pensamos de esta manera, con este enfoque de pasado, esto nos lleva al primer candado, al primer encierro en el que es importante que no caigas. 

 

problemas de autoestima

Este candado consiste en definir en exceso tu identidad como algo fijo, anclado a tu pasado, y dar por sentado que tu mala autoestima forma parte de tu identidad. Vamos a ver esto con un poco más de detenimiento. Digamos que tu identidad, que en gran medida es tu personalidad, se compone de distintos rasgos, y un error habitual es pensar que la autoestima es uno de esos rasgos de tu personalidad. Pero esto no es así. Más bien, habría que ver el problema de la autoestima no como un rasgo del que tengas que deshacerte, sino como aquello que hace que percibas mal todos tus rasgos, percibiéndote a ti mismo de una forma negativa, insuficiente, valorando más lo negativo que lo positivo que hay en ti, etcétera. Una mala autoestima es entonces como ponerte unas gafas que distorsionan la realidad de quien eres: esas distorsiones no están en la realidad, sino en las gafas, en tu percepción subjetiva. De modo que puede que digas cosas como “soy inseguro”, o “tengo mala autoestima”, como si fueran rasgos fijos de ti. Pero en realidad, cuando se va haciendo un cierto trabajo en terapia, se descubre que la autoestima tiene mucho más que ver con entrenar esta percepción subjetiva para que esté mejor ajustada y puedas también sentirte mejor contigo misma. 

 

Sigamos con la cuestión de estos dos enfoques para ver cómo se conectan. ¿De dónde vienen estos problemas de autoestima? Una forma fácil de responder a esto es, en efecto, ir al origen de cómo se formó el problema. Y este origen lo encontramos en un pasado lejano: en tu infancia y tu familia de origen. Las personas con problemas de autoestima muchas veces han tenido infancias complicadas (aunque a veces no sean conscientes de ello). Desde ahí, suele suceder un efecto de bola de nieve, donde situaciones negativas en la infancia atraen situaciones similares en la adolescencia, y así sucesivamente. 

 

El problema es que si adoptas la creencia de que la raíz de lo que te pasa está en el pasado, en la infancia, y a eso además le añades que cuando has intentado cambiar no lo has conseguido, entonces construyes tu identidad sobre esa realidad pasada, asociada al fracaso, a no conseguirlo. Y finalmente, llegas a la conclusión de que no es posible cambiar, de que eres así y siempre has sido así, y no puedes hacer nada más que resignarte tristemente a vivir de esta manera. 

 

Además, como veremos, esta idea equivocada de base, esta identidad fija asociada a la mala autoestima, abona el terreno para una profecía autocumplida: piensas, en base a tu pasado, que no es posible cambiar y, efectivamente, si intentas el cambio lo haces inconscientemente desde un lugar equivocado, o directamente te boicoteas, y así se confirma la creencia inicial de que no era posible cambiar. Más adelante te daré más detalles de cómo es ese lugar incorrecto desde el que estás intentando cambiar y no lo consigues. 

 

Es verdad que el presente actual y tus problemas de autoestima son el resultado de lo que hicieron contigo y cómo te trataron en la infancia, pero aunque estés condicionado por lo que te sucedió, el futuro lo construyes desde este presente. Y, sobre todo, lo construyes desde lo que tú haces contigo en el presente: cómo actúas, cómo te hablas y cómo te tratas tú a ti mismo en este presente, y cómo permites a los demás que te traten. Por ejemplo, desde un enfoque de pasado, el hecho de que tengas ansiedad o inseguridad podría explicarse debido a una alta exigencia o autocrítica de tus padres en tu infancia y adolescencia, y al hecho de que te invalidaran. En cambio, desde un enfoque de presente, la solución y el foco lo pondríamos a cómo te exiges y criticas destructivamente a ti mismo en la actualidad, para tratar de cambiar esto en el presente. Porque el pasado no se puede cambiar. Por tanto, si adoptas solo el primer enfoque, te vuelves víctima pasiva de tu pasado; mientras que en el segundo, te vuelves el agente que hace posible cambio. 

 

Pero en realidad no es necesario remontarnos a la infancia para hablar de cómo has construido tu identidad. Todo lo que estoy comentando también se aplica al pasado más reciente, sin necesidad de ir tan lejos a la infancia o a la adolescencia. Y además, con respecto a este pasado reciente, es fácil que te sientas mucho más responsable (y culpable). Cuando hay un problema de autoestima, es fácil que tengas la tendencia en entrar a darle muchas vueltas a cosas que hiciste y que consideras que las hiciste mal. Acudir al pasado y a tus supuestos errores se convierte así en un hábito que no te ayuda en nada en el presente, y alimenta un diálogo interno que alimenta tu malestar. 

 

Con todo esto no estoy diciendo que el pasado no tenga ningún interés desde el punto de vista de la terapia. Poner el foco en lo que sucedió en el pasado, con un enfoque terapéutico adecuado, puede ser también importante. Por supuesto que hablar del pasado y trabajarlo en terapia puede ser útil y puede ayudarte a sanar heridas del pasado. Y no solo eso. Desde mi enfoque terapéutico, podemos descubrir cosas nuevas de ese pasado fijo; podemos reinterpretarlo y ver también cualidades tuyas y recursos de los que no te habías percatado antes. 

 

En todo caso, en lo referente a comprender la raíz del problema de autoestima, puede ser importante ahondar en el pasado para comprender de qué manera este pasado se actualiza en el presente. Cuál es el significado de lo que se repite ahora; de qué manera se está repitiendo y para qué. Y cómo contribuyes tú sin darte cuenta a bloquear tu avance. Además, es importante observar que aunque haya repeticiones, hay elementos diferentes en ellas, y se puede descubrir una cierta progresión y un margen también para el cambio. Este margen es un punto importante; sobre todo, porque de forma esencial el niño o la niña que fuiste no tenía ningún margen para actuar diferente a como actuó. Estaba atado a su situación, era dependiente de su familia, y no podía evitar de esas situaciones. Pero ahora, como adulto, tienes un importante margen para poder dirigirte a un lugar diferente. 

 

 

Heridas que no se ven, pero se repiten

 

Vamos a ver a continuación cuáles son las infancias y adolescencias típicas en personas con problemáticas de autoestima. Y vamos a entender también de qué manera típica actualizan estos pasados en su presente. Estoy seguro de que vas a sentirte identificado en varios aspectos. 

 

En los casos más evidentes, las personas con problemas de autoestima se han criado en ambientes inestables e incluso traumáticos. En casos extremos, pueden ser infancias marcadas por el abandono, por la humillación o por la negligencia de los padres. Se pueden llegar a vivir situaciones de violencia física explícita en el ambiente familiar o escolar. Los abusos sexuales son también, por supuesto, heridas profundas que dejan huella en la autoestima. Estos abusos te vuelven indigna (y es necesario recuperar la dignidad perdida). Obviamente, todas estas situaciones minan la sensación de seguridad emocional, autoconfianza y valor propio, y dañan muy fuertemente la autoestima. 

 

Sin embargo, no es necesario llegar a tales puntos de violencia para padecer un problema importante de autoestima. Es posible que consideres que no creciste en una familia desestructurada, o te parezca que no has sufrido violencia física o sexual; en este caso, es importante que consideres entonces la violencia psicológica como una forma de violencia, a veces sutil, que puede manifestarse en distintos grados, y de la que a veces no somos conscientes. De hecho, en muchos casos, puede no haber una mala intención por parte de los progenitores; estos, sin querer, podrían llegar a transmitirte la idea de que uno “no es suficiente” (para ser amado), o haberte sometido a una crítica excesiva, creyendo que eso era por su bien. El solo hecho de condicionar su amor amor a que tengas que ser perfecta, o el buen hijo, ya es una forma sutil de violencia. En otras ocasiones, hay una crítica indirecta que puede tomar la forma de comparaciones con otros hermanos o preferencias de los padres que tratan de inculcar a los hijos. Ideas inflexibles, a veces incluso imposiciones, que dictaron cómo debías ser, que no respetaban tu esencia, ni tus libres decisiones y, por tanto, no te vieron y no apoyaron tu individualidad

 

Todo este tipo de situaciones, te llevan de adulto a no sentirte visto, a no ver tus cualidades y, sobre todo, a no confiar en ti mismo, ya que no sentiste ese apoyo ni la validación emocional que todo niño necesitaba para crecer y construir su personalidad con confianza y seguridad. Y es que de forma general, aunque actualmente ya no vivas con tus padres, en cierta manera los has internalizado. Y eso lo podemos observar a través de tu propio diálogo interno y de la forma cómo te tratas y las cosas que te dices. Si ellos no te veían, ahora no te ves. Si ellos te criticaban y eran exigentes, es normal que ahora lo seas contigo mismo. Si ellos no te apoyaron, es normal que ahora no puedas apoyarte a ti misma, o busques un apoyo fuera pero, precisamente, acabes con las personas equivocadas y repitas esa misma situación de falta de apoyo o incluso maltrato. 

 

mejorar autoestima

Para terminar este apartado, conviene añadir que si bien la familia de orígen suele ser el núcleo primario de las problemáticas de autoestima, existen también poderosas influencias sociales a las que estamos sometidos y que inciden en la autoestima. Y en este sentido, es importante incorporar la perspectiva de género, también. Por ejemplo, si eres mujer, es fácil que la presión estética se haya convertido en un factor bastante determinante en lo referente a tu autoestima. De esta manera, por condicionantes sociales, es fácil que pienses de forma automática en lo estético como la causa y la solución para tener una buena autoestima, y quererte y que te quieran. Pero habitualmente el problema suele ser mucho más hondo. Y es que además, con frecuencia, lo físico no puede cambiarse, o es muy difícil, y esto es por tanto garantía de desánimo y frustración. Como vamos a ver en el siguiente apartado, es especialmente al buscar el amor propio en los lugares donde no lo podemos encontrar, o intentando cosas fuera de nuestro alcance, como terminamos sintiéndonos peor y desesperanzándonos.  

 

 

 

 

No mereces sentirte así: cuando te culpas por ser como eres y te sientes incapaz de mejorar (2º candado)

 

El problema no es tanto como eres, sino tus propios intentos de cambiar y cómo llevas a cabo estos intentos. Muchas veces, el problema se encuentra en poner el foco en lugares equivocados. Mencionábamos el exceso de foco en la cuestión del físico, pero podríamos poner ejemplos incluso más claros. Como cuando intentas obtener la validación del otro para quererte, o tratas de complacerle y ser lo que pide a cualquier precio a fin de evitar un conflicto con él. En estos casos, sucede que el problema está mal planteado de origen: no debería ser tan importante la validación del otro como tu propia validación, y no debería ser tan importante tratar de evitar un conflicto, como aprender a ser tú misma y ser capaz de manejarte bien cuando los conflictos (inevitablemente) suceden, sin temerlos tanto. 

 

Así que cuando el foco escapa de tus posibilidades de acción y no depende de ti, es fácil que tu autoestima sea frágil. En otras ocasiones, el mal planteamiento no es tanto un foco equivocado, sino no darte cuenta que te estás planteando algo demasiado difícil que, muy probablemente, no vas a alcanzar. Esto se debe a no ser capaz de contactar con tus propios recursos genuinos, al mismo tiempo que una exigencia excesiva en cuanto a los resultados. De esta manera, los cambios se intentan desde la insatisfacción y desde el miedo al fracaso, y los resultados confirman ese mismo fracaso. Entonces te culpas por no haberlo logrado. Intentas mejorar, no lo consigues, e incluso acabas sintiéndote peor que si no lo hubieras intentado. Es una espiral, una pescadilla que se muerde la cola. Y terminas llegando a la triste conclusión, apoyado en el autoreproche, que no puedes cambiar y que incluso te mereces ser infeliz. Esto es muy duro. 

 

La llave que abre este candado es romper de base el círculo de la exigencia por mejorar, y empezar a ser más autocompasivo, aprendiendo a aceptarte más en el momento presente, más allá de lo que consigas o no con tus intentos de cambio. Pero la autocompasión y la aceptación, no significan lo mismo que resignarse y no hacer nada. Se habla con frecuencia de “ser tu mejor versión”. No obstante, me encuentro en consulta casos de personas que mencionan esta idea y pretenden cosas que están fuera de sus posibilidades. Hay que ir con cuidado, porque un deseo de mejorar excesivo revela un vacío que requiere pausa y atención. Si un recipiente tiene una grieta (y esa grieta es la autoestima) es más conveniente repararla que tratar alocadamente de rellenar el recipiente con agua. 

 

Vale la pena reflexionar y pensar que tratar de ser tu mejor versión significa no tener que ser alguien muy diferente a quien ya eres. No se trata por tanto de pretender un imposible. Solamente una versión un poco mejor sobre la realidad de lo que ya eres. Eso es enraizarte en una buena autoestima. Básicamente, querer mejorar un poco, pero no demasiado. Y para actuar de esta manera, el secreto de tu acción ha de consistir en querer dar solamente un pequeño paso, y darlo en la dirección que te sea más fácil. No trates de dar dos o tres pasos al mismo tiempo. No trates de realizar grandes zancadas. Porque de este modo, es muy posible que tropieces, caigas y te hagas todavía más daño. 

 

En el otro extremo a un intento de pretender dar pasos demasiado grandes o imposibles, podemos encontrar una actitud de inmovilidad. En este caso, eso sería estar bloqueado y no ser capaz de dar un pequeño paso en la dirección correcta en el camino. En realidad, estos dos extremos a veces se tocan. Esta situación está muy relacionada con la ansiedad y el miedo. Porque la ansiedad se siente como esa presión muy fuerte a actuar que, lejos de ayudarte, todavía te bloquea más y te impide actuar. En estos casos, muchas veces la persona opta por evitar completamente la situación temida que genera ansiedad. Pero al evitar exponerte a lo que temes, generas más miedo y más ansiedad para la próxima vez que tengas que enfrentarte a ello. Por tanto, evitar no es la solución, sino bueno parte del problema. 

 

Y también, como una forma de inmovilidad, puede suceder que conectes con un estado apatía, de desesperanza. Una tristeza profunda, llegar a sentir como si el camino no tuviera sentido, como si nada, ningún paso, tuviera sentido intentar. Esto al mismo tiempo que te recuerdas tus errores y tu incapacidad, y el sentir que no eres apto. 

 

 

¿Sabes de qué manera tus problemas de autoestima sabotean tus relaciones? 

 

Hemos hablado de los problemas de autoestima como una mala percepción subjetiva de uno mismo. Pues bien, vamos a ver ahora cómo también este problema se manifiesta en la forma como percibes a los demás. Si tienes problemas de autoestima es muy fácil que te suceda que tiendes a ver a los demás mejor de lo que en verdad son, al mismo tiempo que te ves a ti peor de lo que eres. Esto es porque solo ves las cualidades positivas de los demás, y no caes en la cuenta que también tienen cualidades negativas. Sucede al revés que contigo, donde ves demasiado tus posibles defectos, y no eres apenas capaz de conectar con las virtudes que tienes. Como vamos a ver ahora, este sesgo de percepción se vuelve una trampa que te condiciona mucho a la hora de relacionarte con los demás. Empezar a resolver esto es, de hecho, el tercer candado que hay que abrir. 

 

Partiendo de la situación de sesgo cognitivo que te comento, es normal entonces que en las relaciones te sientas en desigualdad, donde sientes una inferioridad por tu parte. Sientes que no está bien como eres y que, de hecho, eres la causa de los problemas cuando estos ocurren. Y puede ser que te esfuerces mucho, pero sientas que nunca es suficiente. Coherentemente con esto, es posible que te suceda también que colocas al otro y sus necesidades por delante de las tuyas. El otro es más y mejor que tu; el otro es merecedor, tú no. Muchas veces, esto sucede por una forma equivocada de percibirte a ti misma y a la situación. Por ejemplo, esto puede suceder cuando te sientes culpable único de situaciones que en realidad son de una responsabilidad compartida (o incluso plena responsabilidad del otro) pero no te das cuenta de ello y piensas que la responsable principal eres tú. Debido a este sesgo cognitivo, te colocas en las relaciones de una forma equivocada, en el último lugar. Y es fácil que de forma paradójica, creyendo que así obtendrás amor y aceptación, obtengas lo contrario y termines en relaciones abusivas

 

problemas de autoestima

De forma general y en todos los ámbitos, por esa búsqueda de aprobación del otro, suele haber con frecuencia mucha evitación del conflicto con el otro. Muchas veces, en el ámbito concreto de las relaciones de pareja, lo que se esconde en última instancia detrás del miedo al conflicto es el miedo al abandono. Por tanto, en no pocas ocasiones, detrás de los problemas de autoestima se encuentra también una cierta problemática de dependencia emocional. Esto puede llevarte incluso a quedarte en relaciones tóxicas y tener miedo de cortar con ellas por miedo a quedarte solo

Desde un punto de vista cognitivo, viendo al otro por encima de ti, es fácil que te invalides y que no valores tus puntos vista mientras acabas creyéndote que es el otro el que tiene razón. La necesidad por gustar al otro puede hacer que pierdas por completo tu centro y quedes muy expuesta, con tu autoestima dependiendo de una validación externa. Ante toda esta situación que describo, es importante estar atenta, porque te encuentras en una situación complicada, susceptible de recibir violencia psicológica por parte del otro. Y eso, enlazándolo en el apartado en el que te hablaba sobre tu pasado, podría ser una repetición que ya viene sucediendo de mucho tiempo atrás. 

 

Pero, como decíamos, el pasado se actualiza en el presente para que pueda resolverse. Y las relaciones y distintas situaciones con los demás que actualmente estás viviendo pueden ser vistas como una oportunidad. Por ejemplo, si tienes dificultad con validarte y aprender a poner límites, puede ser el momento de empezar a mirarte a ti, conectar con tu fortaleza, y aprender ponerlos y sostenerlos. Para ello, el apoyo terapéutico es algo importante que te fortalece y te ayuda a sostenerte. Pero, antes que nada, la terapia será útil para empezar a deshacer este sesgo cognitivo del que te estoy hablando, ya que en las situaciones que vives hay demasiados puntos ciegos que tú mismo no puedes ver con las gafas que lleva puestas. 

 

 

Encontrar la ayuda adecuada: El problema de pedir consejos y opiniones a los demás

 

El cuarto y último candado precisamente se refiere a esta necesidad tan grande de seguridad y apoyo que sienten de forma muy fuerte las personas con problemas de autoestima, y a cómo buscan las respuestas a lo que les pasa y a las decisiones que tienen que tomar apoyándose en las opiniones de los demás. Como veíamos en el anterior apartado, con frecuencia se percibe al otro en una posición alta, de conocimiento, de seguridad. La que sientes que tú no tienes. Puede ser algo proyectivo, y puede suceder que el otro juegue esa posición de superioridad simplemente porque tú se la otorgas, y que lo haga a veces sin que él mismo sea siquiera consciente de ello. Como vamos a ver esta situación plantea complicaciones.

 

demasiada ayuda

Esta situación de base significa que cuando pides opinión o consejo a los amigos lo haces pensando que quizás el otro pueda ayudarte con sus comentarios, pero normalmente sucede justo lo contrario. Los amigos pueden ser importantes para uno pero, con frecuencia, con la mejor de las intenciones pueden dar consejos muy equivocados. De hecho, la propia idea de dar un consejo ya no es muy buena idea, porque tu problemática es compleja, y hay que entender muy bien lo que te sucede y las dificultades que estás atravesando. Ojalá solucionar tus problemas de autoestima fuera tan fácil como recibir un consejo. En realidad, muchas veces, lo que uno realmente necesita es apoyo, acompañamiento respetuoso, que respeten tus tiempos; y no un consejo. Hay que tener muy presente que las opiniones y puntos de vista de los demás son percepciones subjetivas suyas que muchas veces se basan en sus propios prejuicios. Te dan los consejos que se darían a sí mismos, no los que realmente necesitas en tu caso específico, desde tu forma de ser, adaptados a tí. Y como habrás podido comprobar, cada uno te dice una cosa diferente y, más que ayudarte, a veces pueden llegar a confundirte más. Otras veces, los demás te interpretan y te juzgan desde sus propios valores, no desde los tuyos. Por tanto, es normal que te suceda que intentas buscar apoyo fuera, porque sientes que lo necesitas, pero con frecuencia te llegas a sentir mal o más confundida a través de las valoraciones, consejos y opiniones de los demás. 

 

 

Por el contrario, una relación de ayuda profesional y adecuada no se basa en dar consejos. Y menos todavía en hacer juicios hacia tu persona sobre cómo eres y cómo deberías ser. Del mismo modo, un buen terapeuta no te dice lo que tienes que hacer. Te ayuda, si acaso, a que descubras cuáles son tus opciones, y te ayuda a entenderlas y valorarlas mejor. Tampoco te da su opinión alegremente, sino que es muy cuidadoso en respetarte y, más bien, lo que hace es ayudarte a que seas tú misma la que construyas un punto de vista más acertado, pero siempre desde ti. Y, por supuesto, a parte del trabajo cognitivo, te apoya emocionalmente, te acompaña incondicionalmente en tu proceso. Y lo hace para que puedas internalizar su apoyo, y un día este apoyo se pueda llegar a convertir en tu propio autoapoyo sin necesidad de que esté él

 

 

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