Terapia Gestalt

El potencial de aceptar la tristeza y el dolor emocional

corazón tristeza

Alegría y tristeza, dos emociones básicas que coexisten complementariamente como las dos caras de una misma moneda, aunque a la mayoría de nosotros nos gustaría quedarnos con una de ellas y desechar la otra. Imposible, tal como no puede existir la noche sin el día. Sin embargo, solemos perseguir estados de felicidad y alegría y huir de aquellos que nos producen dolor y tristeza. Entonces, ¿cómo gestionarlas? Reflexionábamos en la primera parte de este artículo acerca de la importancia de poner límite a la insaciable búsqueda del placer y la felicidad. Encaramos ahora la cuestión desde el lado opuesto: ¿Y si fuera que aceptando el dolor y la tristeza podemos llegar a sentirnos mucho más alegres y felices de lo que lo seríamos en una constante búsqueda del placer y la felicidad?

 

Del amplio abanico de emociones que como humanos podemos vivir, es habitual que no pensemos en la tristeza como algo agradable que nos apetezca experimentar. No, efectivamente la tristeza no parece un plato de buen gusto, y habitualmente acompaña a aquellos eventos de nuestra vida que nos han causado decepción, frustración o, en definitiva y de forma general, “dolor emocional”. Hablar pues de tristeza es hablar de una sensación de malestar y “dolor psicológico” que, por lo general, todos querríamos evitar. Y es que aceptando esta visión elemental de la tristeza, nos puede parecer algo de lo más natural su huída y la búsqueda, precisamente, de su emoción opuesta: la alegría.

 

Hemos visto en la primera parte de este artículo los riesgos de vivir en la búsqueda desenfrenada del placer por medio de nuestros deseos personales. Vamos ahora a explorar precisamente en esta segunda parte el no caer en la tendencia habitual de demonizar la tristeza y el dolor huyendo de ella. Al mismo tiempo, no pretendemos desde aquí hacer un alegato en favor de una vida impregnada de conformismo y pensamiento positivo, aceptando todo lo que viene, como si hubiera que recibir con una sonrisa al dolor y a la frustración cuando esta se presenta en nuestra vida. Eso sería, precisamente, no aceptar el sentimiento de tristeza que nos sobreviene en determinadas circunstancias de nuestras vidas. La tristeza, el dolor, y el sufrimiento, tienen su función y su sentido, y no podemos pretender ser inmunes a ese dolor poniendo siempre al mal tiempo buena cara.

 

Dolor y tristeza: ¿cómo evitas lo inevitable?

buda sakyamuniDejando a un lado la perspectiva occidental, tanto de la ciencia actual como de la antigua filosofía griega, a las que hemos recurrido en la primera parte de este artículo, retomamos la idea de que la tradición oriental posee tesoros que pueden alumbrar nuestro camino. La filosofía budista fue también conocedora y comprendió el funcionamiento humano como un comportamiento regido por una mecanicidad basada en la búsqueda del placer y la huida del dolor. Buda diagnosticó que el principal mal humano y la causa de nuestro sufrimiento existencial se encuentra precisamente en ese mismo mecanismo, en esa forma de funcionar. Más allá de los placeres y sufrimientos momentáneos, el asunto fundamental señalado por Buda se debe a que no aceptamos que nuestra vida es, de forma general, un sufrir en la inevitable incertidumbre que la vida es: sufrimos por nuestra incesante búsqueda y la inseguridad que implica el no saber qué vamos a encontrar; una búsqueda que además nunca termina 1 e impide la experiencia de una alegría tranquila, un placer tranquilo y suave (que, para los griegos, como dijimos en la primera parte, responde al nombre de «ataraxia») perturbado constantemente por un deseo de más y por un miedo a perder lo ya poseído. 

 

mujer tristezaVeamos cómo intentamos evitar el sufrimiento – aunque sin darnos cuenta al final acabemos perpetuándolo. Es importante que te preguntes cómo te relacionas contigo mismo y cómo actúas cuando sientes dolor, frustración o tristeza. La psique humana es muy compleja y, aunque lo habitual sea intentar no sentir el dolor y el sufrimiento, hay personas enganchadas a la tristeza y a la melancolía, que en verdad no desean salir de ella. Desde luego, en otros casos muchas otras personas pasan por episodios y acontecimientos muy duros que les sumen en estados de tristeza profunda y que no logran superar aunque siguen intentándolo y buscan ayuda. En cambio, otras personas, por miedo a sentir la tristeza, niegan también su contraparte, la alegría, negando así el placer para no vérselas con el dolor, y negando por tanto las ilusiones para no afrontar la posibilidad de las frustraciones – se desarrolla así una personalidad con tendencia a la apatía. Pueden ser muchas las formas cómo gestionamos las emociones de tristeza. Lo habitual es tratar de sentirla lo menos posible, mirarla de reojo, para pasar rápidamente a algo que nos procure placer. En este sentido, drogas y otro tipo de adicciones pueden resultar una vía de escape tan fácil como peligrosa. 

 

Dolor y tristeza: los cierres

Sucede que algo por lo que luchábamos, finalmente se vuelve imposible y escapa de nuestro horizonte. Sucede también que algo que ya poseíamos – sean objetos materiales, relaciones personales o situaciones deseadas – finalmente lo perdemos. Así pues, muchas veces el dolor y la tristeza van asociados con los finales, que son en definitiva el momento de las pérdidas. ¿Ha de sorprendernos esto cuando el principal temor que tenemos se enraíza en la idea misma de la muerte, que es el final de la vida?

 

Todos los procesos que se suceden en nuestra vida son cíclicos, tanto como la vida misma, y nos guste o no en cierto momento llegan a su final. ¿Cómo vivimos los finales? ¿Los aceptamos? A veces, no toca otro remedio que aceptarlos, pero pasamos por ellos de puntillas, corriendo, a toda velocidad. ¿Salimos por ejemplo de una relación de pareja y, sin apenas sentir el dolor emocional implícito en ello, buscamos rápidamente una persona en sustitución? En un caso parecido, ¿encontramos quizás en el sexo un fácil sustituto del amor por miedo al compromiso y el dolor que podría causarnos? Estas son preguntas que debemos hacernos con el ánimo de ser introspectivos y conocernos mejor. 

 

Algunas personas toman drogas, pero muchas otras ven la televisión o se narcotizan de muchas formas diferentes para no sentir el dolor. Volcarse obsesivamente en el trabajo también es una opción de la misma índole. Cada uno elige las suyas. Quizás quieras preguntarte, ¿qué manera eliges tú para anestesiarte, para no sentir tu dolor? ¿puedes escucharlo y ser capaz de nombrar de forma concreta cuál es tu mayor dolor o miedo con el que evitas contactar? ¿Aceptas la tristeza y el dolor? ¿Puedes recordar cuándo fue la última vez que lloraste?

 

Aceptar la tristeza: cuando lo pequeño se vuelve grande

Resulta difícil encontrar sentido al sufrimiento, al dolor y a la tristeza. Resulta difícil encontrar sentido a los infortunios y decepciones de la vida, así que tendemos a pensar que se trata de algo fortuito, de algo injusto que no merecemos. En lugar de siempre pretender estar bien es de gran utilidad encontrar sentido al sufrimiento humano 2: de esta manera podemos abrazarlo, sentirlo, y no rechazarlo por juzgarlo negativamente. A fin de cuentas, aquello que rechazamos, termina por someternos; mientras que en tanto lo aceptamos, lo rechazado tiene la potencialidad de transformarnos.

 

¿Cuál puede ser pues el sentido del sufrimiento? Notemos que cuando estamos expuestos a él, se nos brinda la oportunidad de tomar contacto con nuestra pequeñez. La aceptación de nuestra pequeñez es un momento de contacto con nuestros límites, el aceptar los límites que la vida impone, ante nuestros deseos personales de lo que debería ser o deseamos. Ese contacto con el límite propio nos hace experimentar un sentimiento de humildad que puede abrir nuestros corazones. «No somos nadie», escuchamos en los entierros, ante el poder que en última instancia tiene la muerte sobre la vida. 

 

aceptación tristeza humildadDejarnos sentir el sufrimiento y la frustración sin condenarla, pero también sin alimentarla, puede abrir el paso a experimentar una leve tristeza, una tristeza digna, que nos mantiene firmes, resistentes, al mismo tiempo que blandos, vulnerables, permeables ante la vida, que siempre es más grande que nuestro pequeño yo. El dolor emocional y el sentimiento de tristeza puede así abrir nuestro corazón. Y puede, también, ampliar el significado de nuestra vida y descubrir la importancia de lo que antes nos parecía pequeño. Puede hacernos descubrir la importancia de unas relaciones interpersonales fraternales y compasivas en busca de una felicidad compartida, valorando lo que ya tenemos y no lo que nos falta.

 

 

Tomar pues contacto con la tristeza muy adentro que hay en nosotros, sin necesidad de esperar a recibir los grandes golpes que la vida nos pueda dar, es un trabajo de gran valor que podemos empezar ya a realizar. Si optamos por no hacerlo, entonces esos golpes pueden suponer de una buena oportunidad para entrar en ello. No hay mal que por bien no venga. Debemos descubrir la tristeza y la vulnerabilidad en nosotros, y no ignorarla, aprendiendo a atenderla tal como atendemos el llanto de un niño, para calmarle, para dar paso a una forma de estar, que tanto permita lo placentero como displacentero de la vida, y acepte lo que la vida y nosotros somos con todos nuestros límites. Aprendemos así a ver que la tristeza, en su justa medida, es una tristeza ligera y liviana, una nostalgia por un paraíso perdido, con un anhelo y seguridad imposibles, quiméricos, al mismo tiempo que agradecemos nuestra existencia transitoria, limitada, que un día habrá de terminar. Abriendo la puerta a la tristeza tranquila, abrimos la puerta a la emoción, para permitir así también su contraparte, la alegría tranquila y sencilla, liviana, ligera, que manifiesta gratitud por el simple hecho de estar vivos en este cuerpo y cerebro humanos, acompañados de nuestros semejantes

 

Referencias:

1. Esta idea se corresponde con la primera noble verdad señalada por Buda, y que en pali recibe el nombre de «dukkha». Suele traducirse con frecuencia como sufrimiento; no obstante, otros términos como descontento, desilusión o instatisfacción pueden resultar más apropiados para su definición.

2. Dalai Lama: El arte de la felicidad. Pag. 175 y siguientes. Ed. Penguin Random House. Barcelona, 2016.

http://www.santosmedita.org.br/as-imagens-sagradas/ (Imagen)

https://lamenteesmaravillosa.com/el-poder-de-la-humildad/ (Imagen)

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