Terapia Gestalt

Los tres Cerebros y el sistema de Chakras

cerebro chakras

A lo largo de la historia y a lo ancho de toda la geografía del planeta, a través de las diferentes culturas, se han construido distintos modelos acerca del ser humano. ¿Cuál de ellos es el más válido? Sin pretender dar una respuesta absoluta y categórica, en este artículo vamos a considerar fundamentalmente dos enfoques. Por un lado, el de los modelos orientales de la antigüedad, que ocasionalmente se usan en hoy en la medicina alternativa. Nos centraremos especialmente en el modelo hinduista, que dibuja un ser humano con siete “cuerpos” y siete centros energéticos o chakras. Este modelo presenta una perspectiva espiritual que puede complementar o cuando menos inspirar nuestro conocimiento más occidental y actual brindado por la ciencia moderna de la psicología y la neurología. Este será el otro modelo que en este artículo estudiaremos. Ambas son visiones aparentemente opuestas: espiritualismo frente a materialismo. A pesar de sus diferencias, trataremos, hasta cierto punto y en la medida de lo posible, reconciliarlas trazando una analogía entre ambas perspectivas. 

 

La perspectiva de la tradición oriental: la existencia del cuerpo sutil

Frente al materialismo científico, una diferencia capital que distancia el modelo occidental con los enfoques de las tradiciones orientales es la consideración que el ser humano no es solamente un cuerpo físico. En la tradición hindú se considera al ser humano como un agregado de siete cuerpos, cada uno de ellos ubicado en cada uno de los siete planos o realidades que existen de forma simultánea y superpuesta

 

No obstante, no complicaremos aquí demasiado el asunto. En este artículo nos centraremos tan sólo en el segundo de los cuerpos, al que por cierto se refieren con frecuencia las tradiciones orientales como parte de sus tratamientos de medicina alternativa. Según el hinduismo, junto al cuerpo físico manifiestamente evidente, se encuentra el cuerpo sutil, como si de una segunda piel se tratara. A este cuerpo también se lo llama cuerpo etérico, y la ciencia actual no reconoce su existencia. El cuerpo sutil del que se habla en los textos sagrados está compuesto por una substancia muy “fina”, inmaterial, pero existente en tanto que energía. Esta energía a priori invisible la puedes imaginar como “pegada” a tu cuerpo físico y visible,  con la facultad de afectarle sensiblemente.

 

La tradición hinduista considera que cuando morimos, en efecto el cuerpo físico muere, pero esta substancia tan fina que es el cuerpo sutil todavía permanece activa algunos días más, hasta que definitivamente perece igual que el cuerpo. Si prosiguiéramos, por encima y junto al cuerpo sutil, más alejado ya de nuestro conocido cuerpo físico, se encuentra el cuerpo emocional o astral. Según esta tradición, el cuerpo astral y el resto de cuerpos “superiores” no se descomponen al llegarle al individuo la muerte, sino que permanecen y “viajan” a otro cuerpo físico, generando así otra existencia en otro nacimiento, donde continuaremos existiendo con toda esa memoria emocional o karma, encarnándonos así en otro cuerpo y en otro nacimiento. No obstante, no nos desviemos y sigamos atentos al segundo cuerpo, el cuerpo sutil. 

 

chakras en el cuerpo y nadisSeguramente hayas oído hablar de los chakras. Cualquier cosa que oigas acerca de chakras se refiere siempre a este cuerpo sutil que ya hemos introducido. Siendo estrictos, la tradición suele considerar seis chakras o centros energéticos; no obstante, nosotros consideraremos siete, tal como se ha venido haciendo desde el siglo pasado. Estos centros energéticos se encuentran encajados uno junto al otro y, literalmente, giran como si se tratara de un engranaje, de forma que cualquier afectación de uno de los centros repercute en los demás chakra significa literalmente rueda. Como puedes ver en la imagen, la formación de estos centros es la resultante del entrelazamiento de dos canales principales en el cuerpo sutil (ida y pingala), que recorren toda la columna y más allá de esta, desde el coxis hasta la corona, genernado a su paso los siete chakras de los que estamos hablando. A su vez, hay que añadir que este “sistema energético” que es el cuerpo sutil está formado además por una ingente cantidad de canales más finos y secundarios, llamados nadis, que vendrían a ser, para que te hagas una idea sencilla, como una especie de sistema nervioso del cuerpo sutil – conectando los centros o chakras, que vendrían a ser sus “órganos” principales de funcionamiento. 

 

De forma muy general, podemos decir que el trabajo terapéutico sobre el cuerpo sutil consiste en facilitar el correcto funcionamiento de los chakras, restableciendo convenientemente las funciones que hayan sido dañadas y sus comunicaciones, principalmente atenuando aquellos centros que padecen de hiperactividad y activando aquellos que sufren de hipoactividad. La práctica del Reiki así como el Yoga y todo tipo de prácticas psicofísicas, que pueden incluir visualizaciones (yantras) o emisión de sonidos (mantras), buscan pues la realización de un trabajo bioenergético que lleve a la persona tanto a la salud física como psicológica, trabajando con el cuerpo sutil, y con el propósito final de propulsarse desde ahí a un lugar más lejanos, terreno de lo espiritual. 

 

A modo de apunte, en relación a la espiritualidad y partiendo de la base de este trabajo bioenergético, la tradición cuenta que es posible generar un flujo energético ascendente (kundalini) que active y energetice así primero los chakras inferiores, sanándolos, para luego proceder a un trabajo de activación con los superiores, abriendo así la puerta a nuevos estados psicológicos, nuevas formas de estar en el mundo, que podríamos etiquetar coloquialmente de “más espirituales”. Añadamos también que aunque suela ser un camino mucho más desconocido, es también posible partir de una activación de los chakras superiores y trabajar así con un flujo energético descendente. 

 

Tres chakras para las tres funciones “inferiores”: instinto, emoción e intelecto
Muladhara
Muladhara

   Vayamos a lo concreto de cada uno de los centros energéticos. El primero de los chakras, ubicado en la base de la columna y correspondiente a la zona del coxis y perineo, es conocido por el nombre de muladhara, y se refiere a la actividad provocada por nuestro instinto vital, instinto de supervivencia. Se trata de la inteligencia inconsciente propia del cuerpo, y esta sucede de forma mecánica y automática. La alimentación y bienestar del cuerpo, la supervivencia en definitiva, y la reproducción sexual son los temas principales que se asocian a este chakra. Si continúas leyendo este artículo hasta los siguientes apartado, donde hablaremos de la perspectiva científica, descubrirás una muy clara relación de este centro con aquello que usualmente se conoce por “cerebro reptiliano” y que se corresponde con la capa evolutivamente más antigua de nuestro más importante órgano.

 

Svadhishthana
Svadhishthana

El segundo de los chakras, svadhisthana, se encuentra ubicado en la zona del vientre, y se corresponde con nuestra parte más emocional – concretamente, se trata de la emoción burda, primaria y elemental. También se lo puede considerar como el chakra del sexo, pero en el sentido del placer que provoca lo sexual, y no tanto en un sentido estrictamente reproductivo. Más allá del sexo, este chakra representa pues nuestra orientación general hacia el placer, junto con su opuesto, la evitación del dolor, y por tanto guarda también relación con el miedo – puedes leer este artículo relacionado con la problemática de nuestro funcionamiento psicológico basada en la dualidad placer/dolor. Se corresponde con la segunda capa del cerebro, referida al sistema límbico, que se desarrolló evolutivamente muy posteriormente a la primera capa y nos hizo mamíferos emocionales. Veremos con más detalle la relación entre estos dos chakras y sus respectivas capas en el cerebro.

 

Podemos decir con respecto al cuerpo sutil que esta nueva función emocional que adquirimos con el segundo centro, que es también una forma de consciencia emocional, está ahora no únicamente interesada en la supervivencia, sino también en el placer. No obstante, debemos notar que es algo inclusivo, pues la realidad del segundo centro se construye desde la realidad del primer centro y relaciona ambas realidades. Así, paradigmáticamente, el sexo puede proporcionar gran intensidad de placer (segundo chakra) y al mismo tiempo es también lo más importante para la supervivencia de la especie (primer chakra). No se excluyen funcionalmente, sino que trabajan al unísono. 

 

Manipura
Manipura

El tercer chakra, conocido por manipura, manifiesta en quienes lo poseen (de forma más clara, todos nosotros, los humanos) unas capacidades intelectivas y volitivas. Así pues, es el chakra del intelecto, y también el chakra de la voluntad, la identidad y el sentido del yo

Se relaciona ocasionalmente este chakra con el sentimiento de rabia o ira. Y es que en efecto, la ira es la forma extrema de autoafirmación del yo: una exigencia o imposición. La correcta regulación de esta emoción atañe a este centro. A manipura se lo considera también el chakra del “poder personal”. Efectivamente, una disciplina férrea, el control por medio de la voluntad, representa un gran poder. Con nuestro poder personal y nuestro intelecto los humanos hemos sido capaces de someter y explotar el planeta. También desde nuestra supuesta racionalidad dominamos y ejercemos el poder sobre nuestro mundo “inferior”, interno, que es emocional e instintivo. 

 

Se corresponde este chakra con la tercera y última capa desarrollada por el cerebro; nos referimos al neocortex. Es significativa la paradoja en la cual la tradición ubica a este tercer chakra en un nivel emocional, cuando al mismo tiempo hace referencia a la voluntad y a la racionalidad. Tal como explicábamos anteriormente, ¿es adecuado separar de forma estricta los centros y sus funciones, como si pertenecieran exclusivamente a un nivel u otro? En este caso en particular, ¿es posible hablar de un centro racional verdaderamente separado de la función emocional? Desde la perspectiva científica, veremos en el siguiente apartado como la respuesta a esta pregunta es negativa.

 

Para acabar, mencionar que te habrás dado cuenta que habíamos hablado de un total de siete chakras, y aquí sólo hemos explicado tres. Esto es así porque solamente estamos adentrándonos en los tres chakras inferiores. Ellos son los que se corresponden al desarrollo normal del cerebro humano, que explicaremos en próximos apartados. Desarrollar los siguientes centros y por tanto, desarrollar el cerebro humano de forma que los habilite, escapa a la normalidad de nuestro programa biológico. La total activación de los chakras superiores se refiere más bien a posibilidades y funciones todavía por desarrollar de forma plena en los humanos. El desarrollo del cerebro durante miles de años de evolución nos ha llevado a desarrollar de forma natural solamente los tres primeros centros; por encima del tercer nivel de consciencia o tercer centro que es manipura, se encuentran los chakras anahata, visuddha, ajna y, por último, sahasrara. La complejidad del significado y el funcionamiento de estos centros daría, por lo menos, para desarrollar otro artículo solo para ellos. 

 

La perspectiva oriental de la medicina china 

Como apunte complementario, todavía en el marco de las antiguas tradiciones orientales y antes de entrar de lleno en la perspectiva científica, me gustaría hacer una mención a otro sistema oriental de gran calado como es el taoísta. El mapa no es el territorio, se dice. Esto es así porque el ser humano es una única cosa, un único territorio, y pueden construirse diferentes mapas que lo representen. Por este motivo, si nos adentramos a un estudio comparado, no debería sorprendernos descubrir muchas similitudes entre esos mapas ya que ellos siempre hablan de la misma cosa: nosotros mismos. Esto es lo que estamos haciendo de hecho. 

 

chakras chinosEn el caso del modelo hinduista y taoísta, podemos descubrir una similitud de forma bastante clara: un parecido fundamental que los entronca es que ambos sistemas, a diferencia del modelo científico, parten de la base de la existencia del cuerpo sutil además de, por supuesto, el cuerpo físico. En el caso de la tradición china es también por medio de este cuerpo sutil por lo cual se considera que terapias como la acupuntura o el shiatsu funcionan – así lo asume el ministerio de salud japonés y millones de personas (1). Como el yoga en la India, los chinos también usaron sus propias prácticas de gimnasia psicofísica, que se conocen popularmente por el nombre de chi kung – y, en una extensión de estas, la práctica del Tai Chi. El esquema chino de centros energéticos podría parecer a priori más simple que el hindú, en tanto que sólo se consideran tres grandes centros o tan tien: el inferior, el medio y el superior. El primero, en la zona pélvica; el segundo, en el pecho, y el tercero en la cabeza. Corresponden, orientativamente, a los chakras segundo, cuarto y sexto, del sistema hindú que hemos visto con más detalle. Según el taoísmo, también los tres centros se comunican y es posible un trabajo de transmutación de la energía ching (energía del centro inferior) en chi (centro medio) para finalmente convertirla en shen (centro superior) de forma análoga al trabajo con el flujo energético realizado en las prácticas yóguicas hinduistas (en lo que se denomina «la ascensión de la kundalini”). 

 

De los tres chakras inferiores a un cerebro con tres capas: la perspectiva científica

Ahora sí, vamos a adentrarnos con más detalle en el conocimiento más estrictamente científico y a apreciar enormes similitudes con respecto a lo que hemos explicado hasta ahora acerca de los chakras. No obstante, antes que nada, es preciso dar fe de la primera y más fundamental diferencia entre el modelo científico y los sistemas tradicionales orientales. Esta diferencia resulta en que para explicar lo que es un ser humano la ciencia considera que lo único válido para su estudio no es otra cosa que no sea su cuerpo físico y, especialmente, su cerebro (además de, por supuesto, otras muchas cosas que este órgano crea y le afectan, como por ejemplo la cultura). No tiene sentido entonces hablar de cuerpo sutil o etérico ni de ningún otro cuerpo que no sea el físico, y por tanto no cabe para la ciencia otro estudio que no sea el del cuerpo físico. Así pues, no se considera por ejemplo qué dolencias o malestares físicos o psicológicos, y sus posibles cambios, puedan tener una causa en el cuerpo etérico u otro cuerpo ajeno al físico, y de forma coherente el único abordaje posible del problema y la explicación debe encontrarse por tanto en el cuerpo físico –  en lo que se incluye al cerebro. Hablar de ciencia es hablar de materialismo. 

 

En lo referente a nuestro cerebro, que gobierna nuestro cuerpo y es la clave de nuestra forma de ser y funcionar, vamos a basarnos en una explicación algo antigua pero sencilla del científico Paul MacLean que, aunque popular y aceptable es, siendo estrictos, reduccionista. (2) En cualquier caso, nos será de buena utilidad a fin de aproximarnos al conocimiento científico y trazar una analogía con otros modelos de la medicina alternativa basada en las tradiciones ancestrales que ya hemos visto. 

 

neocortexDesde un punto de vista biológico y según la teoría darwinista el cerebro que tenemos en la actualidad evolucionó de formas simples a otras más complejas a largo de millones de años. En sus formas más simples, cuando todavía no era el cerebro de un primate evolucionado, podemos hablar de una primera fase de evolución en la que el cerebro – en relación al organismo que manejaba – era de forma muy elemental una estructura al servicio del automatismo de lo instintivo, lo “reptiliano”: una mecanicidad inconsciente. Posteriormente, en tanto nuestro pasado evolutivo como mamíferos, podemos hablar de una segunda fase evolutiva en la que se fueron desarrollando zonas del cerebro que permitieron manifestar en nosotros emociones que nos volvieron más adaptativos al entorno y a las circunstancias del momento, facilitando un apego en la crianza y sentando las bases de la empatía y la relación con el otro. Por último, en una tercera fase que nos volvió con los primates, se fue desarrollando todo aquello que nos evidencia más particularmente como humanos respecto al resto de mamíferos: nuestra capacidad para generar ideas y trabajar con ellas; la abstracción, la simbolización e imaginación; la planificación y autocontrol de nuestra conducta. Así fue como los primeros humanos, primates evolucionados, aprendimos a desarrollar tecnología en base a nuestro conocimiento (desarrollo de herramientas en la prehistoria) al tiempo que desarrollamos un lenguaje complejo, desarrollando así nuestra capacidad simbólica y potenciando nuestra cooperación por medio de la creación de mitos que nos permitieron compartir una base cultural común. 

 

macleanVista la evolución del cerebro, podemos por tanto suponer que el resultado actual de este después de millones de años de evolución es el de un cerebro estructurado en tres capas, correspondientes a las tres fases evolutivas por las que hemos pasado y que acabamos de mencionar. Así es el modelo de MacLean. No obstante, como hemos anticipado, esta explicación es muy general y la visión de tres capas es una aproximación reduccionista, porque nos conduce a pensar en tres fases muy bien diferenciadas e independientes que darían lugar a tres capas por tanto bien diferenciadas e independientes. Y esto no es así. Realmente, la diferenciación en capas es sobre todo conceptual y orientativa y, aunque como aproximación aquí la consideremos correcta, lo cierto es que si estudiamos un cerebro de forma precisa, vemos que existe una cierta superposición entre las capas, al tiempo que una cierta arbitrariedad a la hora de considerar una función en una u otra capa. Algo parecido podía a llegar a sucedernos con los chakras, como hemos visto anteriormente con la función sexual o la de alimentación. No obstante, conscientes de estas limitaciones, el cerebro triuno de MacLean nos ofrece una buena aproximación e introducción a comprendernos en clave neurológica y científica. 

 

Consideremos pues la capa más antigua, la que se corresponde con el funcionamiento instintivo. En ella se encuentran estructuras fundamentales como el tallo encefálico y el cerebelo. Esta capa se encarga de funciones automáticas y reguladoras, como por ejemplo la temperatura corporal y todas aquellas funciones que de forma elemental buscan el equilibrio y bienestar del cuerpo físico. En el ejemplo de tener frío, sucede que desde esta primera capa se ordena el tiritar. También esta capa es la encargada de provocarnos la sensación de hambre, si detecta bajos niveles de glucosa. La respiración o los latidos del corazón, así como otros procesos fundamentales para la vida y que suceden de forma automática e inconsciente, son función de esta capa. Esta primera capa es también fundamental en la acción, en la coordinación para el movimiento físico y en el sistema hormonal. Como ya dijimos, podemos ver en ella una analogía respecto del primer chakra, muladhara, del sistema hinduista, y que hemos comentado que se correspondía de forma general con el cuerpo y la supervivencia del organismo. 

 

El cerebro dispone de una segunda capa conocida habitualmente como zona límbica, donde se encuentran estructuras tan fundamentales como la amígdala o el núcleo accumbens, causantes de gran parte de nuestro funcionamiento emocional, con sensaciones de ansiedad, miedo, agresividad, pero también la sensación de placer. De alguna manera, en una relación con el modelo hinduista, se asemejaría especialmente al segundo chakra svadhistana. Esta segunda capa funciona en íntima relación con la primera, pues evolutivamente se ha construido sobre ella; se encarga en gran medida en mandar órdenes a la primera capa, aunque también sucede a la inversa, lo cual ilustra la complejidad e interrelación del cerebro. 

 

La tercera capa, llamada neocortex, es la que ha evolucionado más recientemente y al mismo tiempo la de mayor tamaño en humanos si la comparamos con cerebros de otros animales. En gran medida, envía señales a la segunda capa, quien a su vez “habla” a la primera. Así se ilustra la antigua idea filosófica y espiritual de una racionalidad gobernando sobre nuestra parte animal (emociones, instintos y cuerpo). No obstante ya hemos mencionado el reduccionismo del modelo de MacLean, y a esto simplemente añadiremos que, siendo estrictos, aunque muy frecuentemente el funcionamiento del cerebro es “de arriba a abajo”, también sucede lo opuesto, siendo la comunicación entre capas por tanto bidireccional. En cualquier caso, la tercera capa se encarga fundamentalmente de la cognición, la memoria y el pensamiento. Concretamente, dentro del córtex, en una amplia zona denominada corteza prefrontal, se desarrolla lo que se conoce como “función ejecutiva”, que tiene que ver con la valoración y toma de decisiones, y que algunos autores la relacionan con nuestra personalidad (CITA WIKI: “corteza prefrontal”, bibliografía, entrada 3). Observamos cómo se corresponde esta última capa en el hinduismo con el tercer chakra manipura, que como hemos explicado se refería al intelecto, la voluntad, y por tanto el poder personal así como nuestra “identidad personal”. 

 

Más allá del tercer nivel de consciencia…

Así es nuestro cerebro después de millones de años de evolución según nos lo muestra la biología y la neurología. Tres capas que dan parte de las tres grandes funciones: el pensamiento, la emoción y el instinto. Y también, empleando un lenguaje por completo distinto, pero con significados similares, tres chakras inferiores. Hemos visto así dos caras de una misma moneda. Dos mapas distintos, para definir supuestamente un único y mismo territorio: nosotros mismos. 

 

Lo que somos no es una obra acaba, y del mismo modo el cerebro humano tampoco lo es; seguirá evolucionando a lo largo del tiempo, dándose forma a sí mismo. Desde las posibilidades del propio cerebro en la nueva generación de neuronas, pero muy especialmente en la creación de nuevas conexiones entre ellas, pueden “configurarse” nuevos cerebros que nos lleven a experimentar nuevas cualidades, nuevos niveles de consciencia que se correspondan con los niveles que representarían una verdadera actividad de los centros superiores anahata, visuddha, ajna y sahasrara, considerados en el hinduísmo. 

 

escalera chakras evolucionPrecisamente, en el encuentro de occidente con oriente desde el siglo pasado hasta nuestros días, el hinduismo y otras tradiciones orientales han aportado claves para comprender al ser humano desde perspectivas que difieran de la científica – tal como hemos visto – y especialmente han brindado nuevas formas de moldear nuestra mente, nuestro cerebro, por medio de la meditación y otras técnicas, con el propósito de alcanzar estados no ordinarios de consciencia, que nos lleven más allá de ese tercer chakra o función de la tercera capa del cerebro a la que tenemos derecho inmediato por el hecho de nacer como humanos. El resto debemos ganárnoslo esforzadamente, escalando peldaños progresivamente hacia los niveles superiores. Si todo va bien, algún día estos podrán convertirse en la base neurológica para una nueva generación de humanos más evolucionados. 

 

Bibliografía:

SAPOLSKY, Robert: Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros de nuestros mejores y peores comportamientos. Ed. Capitan Swing. 2017, Madrid. Págs. 35-121.

RAJNEESH, Shree: El libro de los chakras. Editorial Arcano Books, 1999, Madrid. Págs. 9-21

(1)- http://www.shiatsu-sotai.com/shiatsu.php

(2)- https://es.wikipedia.org/wiki/Paul_MacLean

 

Imágenes:

https://www.taringa.net/+ciencia_educacion/los-humanos-tenemos-tres-cerebros_us13g/

https://mundoconsciente.es/las-trampas-del-camino-espiritual/

https://tendenzias.com/life/por-qu-no-evolucionaron-todos-los-primates-en-humanos/

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