Símbolos

La psicología humana en el significado de la espiral

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La espiral es símbolo de creación y desarrollo, tanto en lo referente a la materia, como en lo que a la realidad psicológica del ser humano se refiere. En un anterior artículo empezábamos adentrándonos en la creación del espacio y el tiempo en relación al origen del universo, con el significado de la espiral, el punto y el círculo (puedes leerlo aquí si lo deseas). En este artículo te mostraré cómo la espiral es también símbolo de creación dinámica para la realidad humana, tanto en la dimensión de nuestra existencia externa (los acontecimientos de nuestra vida) así como interna (nuestras emociones y estados psicológicos).

 

La espiral como nacimiento del cuerpo y devenir existencial

El universo empezó siendo un punto antes de expandirse. Desde un punto de vista relativo a la vida, podríamos decir que metafóricamente un ser humano empieza también siendo un punto en su concepción; y su existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, describe metafóricamente la trayectoria de una espiral. Ahí estuvimos en el vientre de nuestra madre, en gestación, conteniendo la vida antes del inicio de nuestro nacimiento que fue esa explosión inicial y empezar a vivir. Pero, ¿por qué decimos que nuestro existir sigue una trayectoria en espiral? ¿Cuál es el significado de ese movimiento desde un punto de vista psíquico?

 

Aceptando el hecho que la espiral se encuentra muy relacionada con la figura geométrica del círculo, vamos a ver mejor qué significado tiene el movimiento circular de la espiral. De forma elemental la naturaleza funciona de forma cíclica: lo vemos, como ejemplo paradigmático, con las estaciones del año, donde cada estación da paso a la siguiente; y luego, vuelta a empezar. No obstante, la repetición de las estaciones es sólo aparente, porque el tiempo nunca se detiene y la primavera de este año no es la misma primavera que la del año siguiente, aunque exista por supuesto una semejanza entre ambas, por la cual nos damos cuenta cada nuevo año que ya ha llegado la primavera. La espiral, que se va desarrollando en el tiempo y en el espacio, manifiesta esta circularidad, esta aparente repetición que en verdad no es tal, puesto que no se recorre un mismo círculo una y otra vez, sino que se trata de círculos concéntricos por los que pasamos, y en cada sección de ellos, hay una correspondencia con las secciones de los círculos más internos ubicados paralelamente a nuestra posición actual.  

 

espiral 3D
La espiral vista como un cono en tres dimensiones.

Una forma de ver más claramente el significado de estas “repeticiones circulares” es tomar en cuenta la proyección de la espiral a la tercera dimensión, dando así como resultado la figura de un cono. El punto central de nuestra espiral, convertida a cono, es ahora la punta de éste. En una metáfora más cómoda, podemos imaginarnos que este cono es una montaña por la que estamos bajando desde la cima, y realizamos el descenso describiendo en una trayectoria circular. ¿Cómo es el paisaje que vamos contemplando? A cada nueva vuelta, nos damos cuenta cómo volvemos a ver los el mismo fondo paisajístico una y otra vez, quizás con un ángulo ligeramente distinto, pero cuando menos podemos decir que esos paisajes nos resultan muy familiares y ya los habíamos visto anteriormente. Nos sucede también que en nuestras vidas determinados acontecimientos se nos repiten una y otra vez, como paisajes que ya habíamos visto con anterioridad, con ligeras modificaciones, en la medida que vamos progresando en nuestro camino vital. Así que es importante tener muy en cuenta qué lo que nos enseña la espiral: que por más que nos parezca que estamos ante la misma situación, esta tiene diferencias: la más importante es que nosotros no somos los mismos, acumulamos experiencia y cada nueva vuelta es una mayor oportunidad de integrar lo que acontece

 

 

La espiral como alma y alternancia de estados psicológicos

En el anterior apartado hemos visto qué significa la espiral desde un punto de vista exterior: nuestra existencia y sus vicisitudes. Veamos ahora cuál es su significado desde un punto de vista interior. Siendo seres que pertenecen a la naturaleza y forman parte de ella, no ha de sorprendernos que desde un punto de vista intrapsíquico nuestro funcionar sea también circular. Al igual que las estaciones del año se refieren a «estados» parciales y transitorios, que se repiten periódicamente, en nosotros también habitan una pluralidad de estados, de yoes, de emociones, y también de pensamientos que se suceden una y otra vez, alternándose, en un giro que parece nunca acabar. Constatamos como en algunos momentos estamos alegres, y la alegría dura un tiempo, hasta que entramos de forma más o menos rápida en la emoción opuesta, la tristeza; pero en verdad es sólo cuestión de tiempo que la rueda vuelva a empezar y volvamos a la alegría. Ningún estado psicológico que atravesemos puede ser permanente, de la misma forma que el movimiento de la espiral no se detiene y avanza circularmente hacia su opuesto, de norte a sur y de este a oeste. 

 

Podrían citarse innumerables ejemplos. Puede poseernos por ejemplo la rabia, y nos volvemos violentos y culpabilizadores con los demás. Pero, ¿cuánto dura la rabia y su efervescencia? En cambio, en determinadas facetas de nuestra vida podemos llegar a ser muy duros y exigentes no con los demás, sino con nosotros mismos, llegando a culparnos a nosotros mismos. Puede suceder que en otras ocasiones seamos indulgentes y evitativos, sin querer asumir responsabilidad. No somos un único estado, un único yo, sino una pluralidad de ellos. 

 

La práctica atenta a lo que somos, esencia de la meditación, nos permite descubrir ese baile de partes internas que habitan en nosotros, y también ver cómo funcionan, cómo es su alternancia. Sin embargo, más allá de comprender este baile, no debemos olvidar la centralidad del punto, de ese punto donde no hay opuestos y que en nuestra esencia somos: el alma. En ese lugar observamos y vemos en paz la alternancia de los opuestos y los cambios en nosotros, teniendo la posibilidad de comprenderlos. El trabajo con la meditación es ante todo un trabajo de la búsqueda de ese centro, que nos permite tomar mayor conciencia de la circularidad y transitoriedad de nuestros estados psicológicos internos.

 

Destino y autorealización
espiral y destino
La espiral como destino del alma.

Habiendo considerado nuestra alma como el estado unitario, ese punto central de la espiral que en estados de meditación profunda podemos «recordar», vamos a tomar en cuenta ahora una perspectiva que integra lo interior y lo exterior, la esencia y la existencia: el viaje del alma, es decir, todo aquello que hemos venido a experimentar en nuestra vida humana particular. En efecto, ya desde nuestra concepción y nacimiento venimos con una inercia. Esta inercia genera el movimiento inicial de nuestro vivir, desde nuestra infancia, en nuestra familia y sociedad de origen. Desarrollamos un condicionamiento particular y un carácter, así como todo tipo de deseos, aptitudes, valores y demás tendencias psicológicas, que marcarán los eventos futuros de nuestra vida y cómo respondemos a ellos. Si le damos un sentido al futuro y a nuestra existencia, entonces tenemos que considerar la posibilidad que todo lo que vivimos es un aprendizaje, un aprendizaje para algo. Todo ha de tener pues un propósito o fin, que todavía no conocemos. Lo que se desarrolla en nuestra vida es una obra, una creación, y tiene un valor y un sentido. El punto que empezamos siendo en nuestro nacimiento va convirtiéndose en una espiral llena de valor y significado que se desarrolla en el transcurso de nuestra vida. 

 

El antropólogo y mitólogo Joseph Campbell considera que la autorealización sigue un patrón circular. Se refiere a ello como el «camino del héroe» , y este puede dividirse en un total de tres tiempos o periodos, correspondientes a un total de diecisiete etapas (1). Existe un periodo inicial, de salida o separación, donde se abandona lo ordinario y se inicia un camino hacia lo desconocido, para adquirir así una serie de capacidades y regresar de vuelta a ese mundo ordinario. De esta manera, el camino termina en el mismo punto que empezó: en el mundo ordinario. No obstante, cuando volvemos a ese mundo ordinario, nosotros ya no somos los mismos. Este es el significado de la espiral: no importa cuántas veces nos encontremos con situaciones similares en nuestra vida, importa que a cada nuevo encuentro nosotros ya no somos los mismos, pues hemos realizado nuevos aprendizajes.

 

En términos parecidos, C.G. Jung nos habla del camino de individuación del individuo en el sentido de una realización, de llegar a ser algo. Se trata del viaje de nuestra alma y las vicisitudes por las que tiene que transcurrir en la adquisición de nuevos aprendizajes. En palabras del catedrático de psicología Vázquez Fernández, este camino 

“expresa la auténtica realización del sujeto humano, en su plena madurez espiritual, consiguiendo actualizar los arquetipos humanos, […], reconocer e integrar su sombra, dejarse iluminar por el arquetipo del espíritu o del sentido espiritual de la vida y encontrarse finalmente con sí-mismo.”  (2)

 

jung espiral mitología
C.G. Jung estudió los mitos y los símbolos desde una perspectiva psicológica.

Es interesante tomar en cuenta también la importancia que adquiere el concepto de «sombra» en la obra de Jung. La idea de integración de la sombra, idea que ha dado y sigue dando mucho que hablar dentro de la psicología analítica, es también trasladable al paradigma de la Terapia Gestalt. La sombra es lo opuesto, lo oculto, lo inconsciente que no vemos y tan bien expresan los sueños. La sombra guarda relación con el significado del círculo, en tanto que el movimiento circular de la espiral implica que siempre que se está en un punto del círculo hay a su frente un otro punto opuesto especular, una “sombra” que no vemos y debemos integrar. En la medida que somos capaces de integrar eso opuesto a nosotros mismos avanzamos más rápidamente hacia nuestro propósito existencial.  En palabras de Vázquez Fernández y en referencia al proceso de individuación del que nos habla Jung, esta realización sucede

 

“en aquellos sujetos que no se contentan con ser uno de tantos, deseando con todo su ser realizar las potencialidades humanas de su incógnito y misterioso mundo interior, no imitando simplemente a otros y siguiendo un camino trillado, sino embarcándose en la gran aventura de llegar a ser con autenticidad sí-mismos.” (3)

 

Es por este motivo que tanto la psicología analítica de Jung como la Terapia Gestalt, entendida en su dimensión personal y transpersonal, pueden ayudarnos en nuestro proceso de integración de lo opuesto, de nuestra sombra, actualizando así el significado de la espiral, ayudándonos a progresar en nuestro camino hasta convertirnos en lo que auténticamente somos. En este sentido, el proceso terapéutico y el terapeuta mismo se convierten es un apoyo muy relevante para que seamos capaces de realizar el propio camino que nos conduzca a la realización de ese ese sí-mismo que ya somos, pero que ha sido también llamado a tomar una nueva forma por medio de nuestro particular camino existencial. 

 

Referencias

(1) – Campbell, Joseph. «El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito». México: Fondo de Cultura Económica. 2001.

(2) –  Vázquez Fernández, Antonio. «Freud y Jung: exploradores del inconsciente», pag 175. Madrid. Ediciones Pedagógicas. 

(3) – Ibídem.

Imágenes:

Espiral vista en 3D: la proyección del punto al círculo. https://forums.sketchup.com/t/how-do-you-draw-a-spiral-both-flat-like-a-clock-spring-and-vertical-like-a-car-spring/39702/6

Imagen entrevista C.G. Jung: https://www.bbc.com/mundo/noticias-46079630

 

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