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Freud y Jung: potencialidades y limitaciones en la interpretación de los sueños

En este artículo abordamos la temática de la interpretación de los sueños en terapia. Partiremos de los orígenes de este trabajo con Sigmund Freud y la teoría psicoanalítica, para pasar a la perspectiva de uno de sus disidentes de mayor renombre: Carl Gustav Jung. Nos aproximaremos mediante el ejemplo de un sueño a las distintas posibilidades interpretativas en ambos enfoques, para acabar valorando la complejidad y limitaciones inherentes al acto mismo de interpretar. Como una posible repuesta a estas problemáticas, se muestra la relevancia del enfoque gestáltico como metodología experiencial en el trabajo con sueños.

 

Freud: interpretación en clave sexual 

En 1896, y tras la muerte de su padre, Freud profundizaba en su proceso de autoanálisis y empezaba la redacción de la que sería una de sus obras de mayor importancia: La interpretación de los sueños. Habiendo en los años anteriores descubierto con Breuer la importancia de “lo inconsciente” como causa de enfermedad (1), a Freud se le empezaba a revelar el camino de los sueños como una vía directa hacia este. Entendiendo que la represión del deseo infantil y sus traumas eran la causa de la neurosis, llegaba a la conclusión que todo sueño es el cumplimiento de un deseo (2)

 

De esta manera, para Freud, en los sueños podemos descubrir cuáles son aquellos deseos reprimidos por el soñante. Por aquel entonces, el método de la asociación libre que él mismo ideó, junto al análisis y la interpretación de los sueños, se plantearon como una forma de “des-cubrir” o desvelar el significado latente que hay debajo de las distintas manifestaciones oníricas, siempre cargadas de un simbolismo que oculta el verdadero significado que, con frecuencia, para Freud es de índole sexual

 

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Sigmund Freud

No puede entenderse la interpretación de los sueños desde la óptica freudiana sin conocer mínimamente las teorías psicológicas y antropológicas de Freud, ya que en ellas se fundamentan las posibles interpretaciones de los sueños mismos. Seguro que has oído hablar del “complejo de Edipo”. Por este nombre se conoce a la revolucionaria y provocativa idea de Freud, en base a la cual armó en gran medida su teoría psicológica y filosófica. El “conflicto edípico”, que viene a ser el conflicto humano en definitiva, toma origen en la infancia en la relación con nuestros progenitores y luego se desarrolla de distintas formas por medio de los mecanismos de defensa en la relación con nosotros mismos y con los demás. 

 

Más allá de la infancia, el deseo (el “ello”, en la terminología freudiana) y la libre individualidad de cada ser humano entran en conflicto con la idea y sentido del deber (el “superego”, en la terminología freudiana). Desprovistos de moralidad cuando somos niños, anhelamos y deseamos a nuestra madre hasta el punto que quisiéramos ocupar el lugar de nuestro padre en la relación de pareja. Vemos así al padre como un competidor y, obviamente, por su poder, nos sentimos en inferioridad de condiciones, hasta el punto de temer nuestra aniquilación si no nos sometemos debidamente a su voluntad (concepto de “angustia de castración”, en la terminología freudiana). 

 

Obviamente, dirás que tú no tienes deseos sexuales hacia tu madre, y que de ninguna manera has pensado en eliminar a tu padre. No obstante, la psicología de un niño, por no estar todavía investida de moralidad, es capaz de permitirse todo tipo de deseos sin sentirse culpable por ello. Esto es lo que piensa Freud, y el “olvido” de este deseo incestuoso y resentimiento paternal en los orígenes se proyecta en toda la problemática humana, que gira entorno a esta relación tríadica (padre, madre, hijo) interiorizada y no resuelta

 

En lo que respecta a la interpretación de los sueños y siendo los sueños la expresión de deseos reprimidos, todo el problema gira en torno a la represión de este deseo original tabú. Debido al mecanismo de defensa de la represión, estos deseos se alojarían en aquella parte que Freud denomina “ello”, el inconsciente, y que pujan fuerte al tiempo que son reprimidos por nuestra parte consciente. Esta severa tensión por reprimir, por ocultar lo que en en verdad hay, se relaja algo en los momentos de descanso, de forma que nuestra parte censora permite durante los sueños dar cierta expresión a toda esta amalgama de sentimientos y deseos reprimidos. Sin embargo, sería tanta la intensidad de lo que nos ocultamos, que es necesario que todo esto se exprese de forma metafórica y simbólica, de forma «disimulada», puesto que la verdad desnuda nos pudiera cegar. Más adelante, explicaremos de qué manera para Freud nuestro inconsciente “disfraza” nuestra realidad interior en el empleo de símbolos. 

 

Jung: aportaciones de lo mitológico
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Freud (sentado izquierda) junto a Jung (sentado derecha)

 

Jung estaba al corriente de los trabajos de Freud y fue en 1906 cuando ambos iniciaron una correspondencia y amistad que duraría hasta 1913. Por lo que respecta a Freud, veía a Jung como una gran promesa del psicoanálisis y a su futuro sucesor. No obstante y a la vista de los acontecimientos, nada más lejos de la realidad. Las objeciones de Jung a los planteamientos de Freud, tanto en los aspectos teóricos, como filosóficos y metodológicos, le condujeron a fundar una nueva disciplina distinta del psicoanálisis, la Psicología Analítica, y de forma coherente estas diferencias también se tradujeron en la forma en cómo ésta abordaba el trabajo con los sueños. 

 

 

 

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Carl Gustav Jung

Jung se mostró crítico con las ideas de Freud, considerando que daba una excesiva importancia a lo sexual en sus conjeturas sobre el desarrollo psicológico. Para Jung el trabajo con los sueños no debe poner tanto el foco en el pasado como en el presente y el futuro, y es por tanto un enfoque constructivo en lugar de regresivo. Jung va más allá del inconsciente personal – que se enraizaría únicamente en la infancia del paciente y sus traumas – e incorpora una perspectiva espiritual, teleológica. Jung no tiene así reparos en hablar acerca de los sueños como mensajes cuasi-divinos acerca del anhelo de nuestra alma y su destino existencial. De esta manera, frente al inconsciente individual de Freud, entra en juego la idea de una simbología arquetípica, más allá de lo individual, referida a la vastedad del inconsciente colectivo, que es esa totalidad autorealizada a la que aspiramos y que se comunica con nosotros mediante los sueños mismos. 

 

 

Diferencias interpretativas entre Freud y Jung

Explicaremos sobre la base del ejemplo de un breve sueño algunas de las características respecto a cómo proceder a una interpretación de los sueños más basada en el enfoque junguiano, y lo haremos apreciando también de qué forma se diferenciaría de las teorías y metodologías analíticas de su predecesor Freud. 

He aquí la síntesis de nuestro breve sueño: descendemos una montaña y en nuestro camino encontramos una cueva; decidimos adentrarnos en ella y repentinamente vemos una serpiente que nos muerde

Si partimos del modelo de Freud, de entrada y en lo referente a la simbología, en coherencia a sus teorías, el significado latente de los símbolos ha de ser eminentemente sexual. Desde esta base y de forma general, los símbolos pueden aludir al sexo masculino o femenino. De esta manera, para Freud, aquellos elementos del sueño que sugieran penetración, tales como una pistola, una espada, o la serpiente de nuestro sueño, se asocian con el pene y lo fálico. Por otro lado, aquellos elementos que sugieran cavidad, como cualquier recipiente, vasija o, en nuestro sueño, una cueva, tienen una connotación referida a la vagina. Para Freud, un sueño como el de este caso ha de referirse y relacionarse a la conflictividad sexual y emocional de la tríada madre-padre-niño, y de forma particular a la del pasado individual del soñante, esto es, a su inconsciente individual y traumas infantiles al respecto. Así pues, el enfoque freudiano en el trabajo de los sueños es siempre regresivo y alude en última instancia a los conflictos edípicos que tuvieron lugar en la infancia, que no se encuentran resueltos y encuentran su vía de expresión en los sueños. 

 

Preguntémonos ahora de qué manera interpretaríamos los símbolos que acontecen en nuestro sueño ejemplo si nos aproximáramos a este desde un enfoque junguiano. Para Jung, el conocimiento de lo mitológico es de gran importancia, hasta el punto que considera que el inconsciente se expresa en “mitologemas” (3). Antes de proceder con nuestro sueño, deberíamos pues estudiar a través de la mitología los símbolos de la serpiente y la cueva. ¿Qué nos dicen las distintas culturas surgidas a lo largo de la historia acerca de estos símbolos? Como podrás imaginar, el campo de estudio es inmenso. Desde ese lugar, debemos a posteriori trasladar nuestro conocimiento a las particularidades de la vida del soñante. 

 

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Alegoría de la caverna (Platón)

Sabemos, por ejemplo, que desde la prehistoria las cuevas se han usado como lugares de culto en los que se oficiaban rituales. ¿Representa por tanto la cueva ese lugar sagrado en nosotros mismos? ¿Sería la cueva símbolo del inconsciente mismo? Al relacionarlo con nuestro sueño particular, podríamos preguntarnos, por qué atribuirle esta sacralidad y divinidad cuando somos en verdad mordidos por una serpiente. De hecho y por otro lado, cabe mencionar como algunos mitos, por ejemplo el mito de la caverna de Platón, nos presentan la cueva como un lugar de inconsciencia humana, un lugar de oscuridad en el que el ser humano se encuentra sumido en la ignorancia y el sufrimiento. Desde ese lugar, desde el conocimiento de los mitos, la interpretación del símbolo y, más allá, su relación con nosotros mismos, puede tratarse de algo complejo de realizar y con un alto componente subjetivo

 

 

 

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Mito de la creación (Libro del Génesis)

La simbología de la serpiente puede ser, si cabe, más amplia. ¿Qué nos dicen los mitos acerca de las serpientes? Sin necesidad de hacer un amplio estudio, sabrás que en algunos de ellos – como por ejemplo en la tradición judeocristiana y su mito de la creación con Adán y Eva – se las dibuja como la imagen del mal. ¿Realmente es la serpiente la imagen del mal? Más bien, pareciera que la serpiente se refiere a la naturaleza instintiva y primaria, “reptiliana” – el deseo instintivo. En este mito en particular este deseo es el que instiga a cometer el “pecado original” y nos conduce directamente a la pérdida del paraíso. 

 

 

No obstante, las cosas no estarían exentas de discusión, pues por el contrario, en la tradición oriental, se llega a equiparar a la serpiente con la Gran Diosa, Shakti, y en el tantrismo así como en otras prácticas psicoespirituales se considera que en la base de nuestra columna se aloja una poderosa energía – llamada kundalini – que puede ser despertada y usada para el desarrollo espiritual. Significativamente para nuestro caso, se nos dice que esta energía tiene la forma de una serpiente enroscada. 

 

¿Qué significa pues realmente la serpiente? ¿Es algo “malo” tal como la interpretaríamos la mayoría de occidentales? Y es que “bueno” y “malo” son reduccionismos excesivos. Además, en particular, podríamos preguntarnos, qué diferencia hay en que una serpiente nos diga algo, como en el caso de este mito de la creación, a que nos muerda y aplique su veneno mortífero. Existen muchos matices y no podemos encontrar una respuesta simple y clara para nuestra interpretación. Todo ello requiere de un extenso estudio de los mitos y una complicada discusión, para acabar relacionando ese conocimiento en un paralelismo con las particularidades del paciente. Así pues, ni la respuesta al significado del símbolo es simple o categórica, ni obvio el paralelismo que debe realizarse a posteriori para relacionarlo con la particularidad del soñante

 

 

Riesgos y limitaciones de interpretar los sueños. La posibilidad del experiencialismo de Perls

¿Qué implicaciones tiene interpretar un sueño? Podríamos aceptar que toda interpretación es, en cierto sentido, una traducción. Esta es una sencilla metáfora que nos lleva en primer lugar a pensar que para traducir una palabra de un texto o sueño, necesitamos, evidentemente de base, conocer cuál es esa palabra, cuál es el idioma destino, y por último la contextualización de esta palabra con respecto al texto en la que se encuentra. Son pues tres elementos: símbolo, significado y contextualización o paralelismo

 

De esta manera, si consideramos así la interpretación de un sueño como un ejercicio de traducción, las palabras que deseamos traducir serían los símbolos que acontecen en el sueño. Obviamente, la traducción está predeterminada por el modelo que elijamos – ya sea freudiano, junguiano, o cualquier otro modelo que tomásemos. ¿Traducimos basándonos en el conocimiento humano de los mitos o traducimos en clave sexual freudiana? ¿Es tan válida una opción como la otra? No hay una respuesta fácil. Incluso, hasta cierto punto pueden establecerse convergencias entre ambos “idiomas” o sistemas simbólicos – por ejemplo, desde un punto de vista mitológico tiene también cabida la serpiente como símbolo sexual masculino (4)

 

¿Puede ser tan válido el modelo freudiano como el junguiano? ¿Cuál debe ser la elección? Para muchos, las teorías freudianas, y por tanto la pretensión de traducir e interpretar los sueños bajo la teoría sexual freudiana es, si no un reduccionismo, una equivocación. Mucho se ha escrito sobre la parcialidad y supuesta neurosis del propio Freud proyectada al mundo en sus propias teorías. Y del mismo modo, las teorías junguianas tampoco quedan para algunos en muy buen lugar, pues han sido acusadas de poco racionales, acientíficas, englobando campos de estudio que pertenecen al ámbito de la desacreditada parapsicología. 

 

Hablar de interpretación de los sueños es hablar pues de “idiomas”, de modelos, de su supuesta validez y rigor, así como adecuación. Y no es un debate que tenga una respuesta clara. No podemos encontrar una respuesta absoluta, que nos de seguridad o certeza en nuestra forma de interpretar. Sea como sea, más allá de entrar en valoraciones acerca de la validez de cada uno de estos dos modelos teóricos, es preciso que tengamos siempre presente lo siguiente: que al interpretar un sueño, ya sea bajo el prisma junguiano o freudiano, nos encontramos evidentemente siempre en el nivel de la interpretación, con todos los riesgos que ello implica y que estamos mencionando. 

 

Así pues, de forma explícita, el primer riesgo que sucede cuando interpretamos un sueño es el peligro de proyectar una supuesta “autoridad”, certeza o validez sobre el modelo que elijamos para hacerlo, invalidando totalmente los demás modelos – nos creemos a pies juntillas las teorías de Freud, o bien lo hacemos con las de Jung. Es preciso pues aprender a relativizar. 

 

Un segundo riesgo se trasladada también sobre la figura del terapeuta. Si hay interpretación ha de haber por tanto un interpretador en el que confiamos – a veces ciegamente – y le otorgamos autoridad en esta materia. Tampoco está exento de riesgos ser nosotros mismos quienes tratemos de interpretar nuestros propios sueños: nuestros propios mecanismos de defensa, así como interpretaciones demasiado autoindulgentes además de nuestra poca experiencia, pueden convertir este trabajo en algo incluso contraproducente. ¿Cómo trabajar pues con los sueños de forma más confiable? ¿cómo puede saberse si una interpretación es correcta o incorrecta? ¿Es acaso posible? ¿Hasta qué punto la confianza en un modelo, tanto como en un analista, es un acto dogmatizante?

 

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Fritz Perls

Las aportaciones de Fritz Perls en la segunda mitad del siglo XX por medio de su Terapia Gestalt, de enfoque fenomenológico, existencial y humanista, suponen un gran campo de exploración de estos puntos conflictivos respecto al trabajo y la interpretación de los sueños.  Y es que el problema parece inherente al propio acto de interpretar. ¿Cómo trabajar pues con los sueños? ¿qué podemos hacer con un sueño si no es interpretarlo? La respuesta de Perls es simple: experimentarlo; solamente experimentarlo evitando toda interpretación, porque cada vez que interpretamos nos disociamos viendo lo que pasa desde fuera como observadores e interpretadores, y ello no favorece en absoluto al proceso terapéutico. Esta es la síntesis de Perls con respecto a este tema. 

 

No obstante, no deja de resultar paradójico cómo la aportación de Perls en el trabajo con los sueños, dando a luz a un enfoque “antiinterpretativo” es, desde mi punto de vista, una gran aportación que, paradójicamente, lejos de usarse para evitar la interpretación, puede emplearse también para afinar mucho mejor en ella. Vistos en este artículo una aproximación a los antecedentes de Freud y Jung, dedicaremos otro artículo completo a hablar de forma concreta cómo integrar el enfoque gestáltico de forma que podamos usarlo en la interpretación y el trabajo con sueños. 

 

Referencias

1) Freud, Sigmund; Breuer, Josef: Estudios sobre la histeria. 1895.

2) Freud, Sigmund: La interpretación de los sueños. Ed. Franz Deuticke.

3) Vázquez Fernández, Antonio: Freud y jung: exploradores del inconsciente. Ediciones pedagógicas. Madrid. pág 181.

4) Ronnberg, Ami: El libro de los símbolos. Reflexiones sobre las imágenes arquetípicas. Ed. Taschen. 2011. Pág 196.

Carretero, Ricardo: Psicoterapia Junguiana y Postjunguiana. Ed. Traducciones Junguianas. 2017.

 

Imágenes:

https://pijamasurf.com/2016/03/sigmund-freud-mucho-mas-alla-del-divan/ 

https://elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283806_732274.html

https://lallavedepandora.com/la-alegoria-de-la-caverna-de-amlo/

https://www.fritzgestalt.com/fritz.htm

https://arturogradoli.wordpress.com/2014/12/14/arte-y-filosofia-dali-y-nietzsche

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