Símbolos

Espiral: símbolo y significado

De la inmediatez por encontrarnos con una pequeña caracola en la orilla de una playa, a la observación de gigantes galaxias que se encuentran a años luz de nosotros, la espiral se encuentra muy presente en la naturaleza. También las distintas culturas, creadas por hombres y mujeres desde hace miles de años hasta nuestros días, han recurrido a esta figura geométrica de un profundo simbolismo. ¿Cuál es su significado? En este artículo te explicaré de forma sencilla conceptos complejos como la eternidad, la no-dualidad y la alternancia de opuestos, todos ellos asociados al significado de la espiral, para así descubrir de qué manera este símbolo puede relacionarse con el significado de lo que sucede en nuestras vidas. 

 

La espiral: origen y devenir de la materia

El universo empezó en un solo punto, un punto infinitamente pequeño y al mismo tiempo infinitamente denso, que contenía la totalidad de la materia todavía por expandirse y generar todo lo que ahora podemos observar. Desde aquel entonces y hasta ahora, han transcurrido 13.700 millones de años, y ese puntito infinitamente pequeño del que te hablaba se ha convertido en un espacio de 93.000 millones de años luz de extensión – esto es el espacio que recorrería la luz en 93.000 millones de años 1. ¿Cuesta de hacerse una idea de lo que significa esta magnitud, verdad?

 

La vía láctea, nuestra galaxia. Doble espiral.
La Vía Láctea, una doble espiral.

En toda esa inimaginable extensión se estima que habitan unos 100.000 millones de galaxias, y en muchas de ellas la disposición de las estrellas que las componen las dotan de una forma espiral. Sin ir más lejos, nuestra galaxia, la Vía Láctea, es una doble espiral. Pero… no vayamos tan deprisa. Volvamos al origen. Empecemos por lo pequeño, por lo indivisible y unitario que era ese punto inicial, y que más tarde verás que se refiere también al significado del punto central de una espiral. En un sentido más filosófico, podemos decir que en ese punto inicial no había diferenciación, no había dualidad. ¿Qué significa esto? Significa que estaba solamente el punto y por tanto todo el espacio que había era ese punto únicamente, sin que hubiera otra cosa diferenciada ni opuesta a él. Esto es algo extraordinario. Si intentas imaginarlo, te va a parecer difícil, y es que en realidad es imposible que puedas hacerlo: el cerebro y la mente humana no es capaz de imaginar algo que no tenga opuesto. No puedes imaginar un día lluvioso, si no conoces también lo que es un día soleado; no puedes conocer la tristeza, si no es que has conocido también la alegría. Podríamos nombrar un larguísimo etcétera con todos los conceptos y experiencias que la mente humana es capaz de crear y experimentar. Lo esencial a saber es que toda idea, concepto o experiencia, tiene su opuesto que emergerá o ha emergido en algún momento en el tiempo – con la única excepción de la «experiencia» que viene representada en la espiral por el punto. 

 

Este asunto del punto y lo que representa es muy complejo. Decíamos que no es posible para la mente humana imaginar algo que no tenga opuesto. De hecho, ¿cómo puedes imaginar algo, un punto, solamente eso, con la idea de que no exista nada más que eso? Si yo me imagino algo, ya somos por lo menos dos: el que se lo imagina y el objeto imaginado. Esta imposibilidad de imaginar una única cosa, lo unitario, remite a nuestras profundidades: así es el estado de no-diferenciación, de no-dualidad, que maestros y místicos han señalado a lo largo de la historia. Si sigues leyendo, verás cómo ese estado unitario remite al origen del universo tanto como al origen de nuestra alma, y guarda una muy estrecha relación con el significado de la espiral. 

 

Círculos concéntricos y centro en el trazado de una espiral.

Para comprender mejor la relación entre la espiral, el punto y el círculo, te prongo que realices un experimento mental. Se trata de que crees mentalmente un pequeño universo en dos dimensiones, y así puedes ver cómo un punto “se convierte” en espiral. Para ello te voy a pedir que dibujes (o, en su defecto, te imagines dibujándo) una de ellas. Al igual que el universo, considera que una espiral empieza y tiene su origen también en un punto. Puedes, lápiz en mano sobre tu papel, mantenerte en ese punto central en quietud, sin movimiento, hasta que decidas empezar con tu particular Big Bang. Hasta que no lo hagas el punto es todo lo que hay. Entonces, decides salir de ese estado de no-movimiento e indiferenciación y lo que es un punto empieza a transformarse, describiendo una trayectoria curva que se mueve en sentido circular, alejándose cada vez más y más de su centro inicial, y adquiriendo cada vez un mayor tamaño, expresándose en círculos concéntricos. Se trata de una proyección: un punto proyectado. Esa proyección remite al significado de la creación, a la expansión – que se da en espiral -, a un dar forma a ese punto original origen de todas las cosas

 

La espiral: origen y devenir de la vida humana

Hemos empezado por la inmensidad del universo, la creación del espacio y del tiempo. En esa inmensidad nos encontramos los seres humanos como una especie dentro de nuestro hermoso planeta. Desde un punto de vista relativo a la vida, podríamos decir que metafóricamente un ser humano empieza también siendo un punto en su concepción; y su existencia, desde el nacimiento hasta la muerte, describe metafóricamente la trayectoria de una espiral. Ahí estuvimos en el vientre de nuestra madre, en gestación, conteniendo la vida antes del inicio de nuestro nacimiento que fue esa explosión inicial y empezar a vivir. Pero, ¿por qué decimos que nuestro existir sigue una trayectoria en espiral? ¿Cuál es el significado de ese movimiento desde un punto de vista psíquico?

 

Sabiendo ya que la espiral se encuentra muy relacionada con la figura geométrica del círculo, vamos a ver mejor qué significado tiene el movimiento circular de la espiral. De forma elemental la naturaleza funciona de forma cíclica: lo vemos, como ejemplo paradigmático, con las estaciones del año, donde cada estación da paso a la siguiente; y luego, vuelta a empezar. No obstante, la repetición de las estaciones es sólo aparente, porque el tiempo nunca se detiene y la primavera de este año no es la misma primavera que la del año siguiente, aunque exista por supuesto una semejanza entre ambas, por la cual nos damos cuenta cada nuevo año que ya ha llegado la primavera. La espiral, que se va desarrollando en el tiempo y en el espacio, manifiesta esta circularidad, esta aparente repetición que en verdad no es tal, puesto que no se recorre un mismo círculo una y otra vez, sino que se trata de círculos concéntricos por los que pasamos, y en cada sección de ellos, hay una correspondencia con las secciones de los círculos más internos ubicados paralelamente a nuestra posición actual.  

 

espiral 3D
La espiral: un cono en tres dimensiones.

Una forma de ver más claramente el significado de estas “repeticiones circulares” es tomar en cuenta la proyección de la espiral a la tercera dimensión, dando así como resultado la figura de un cono. El punto central de nuestra espiral, convertida a cono, es ahora la punta de éste. En una metáfora más cómoda, podemos imaginarnos bajando por una montaña desde la cima describiendo en nuestro descenso una trayectoria circular. Descendiendo de esta manera y contemplando el paisaje, dando cada vez una nueva vuelta, nos damos cuenta cómo volvemos a ver los mismos paisajes una y otra vez, en función del lado de la montaña que estemos transitando, aunque siempre con un ligero cambio de perspectiva, por el hecho de que a cada nueva vuelta nos encontramos cada vez un poco más cerca del pie de la montaña. Nos sucede también que en nuestras vidas determinados acontecimientos se repiten una y otra vez, como paisajes que ya habíamos visto anteriormente. Por más que nos parezca que estamos ante la misma situación, esta tiene diferencias: la más importante es que nosotros no somos los mismos, acumulamos experiencia y cada nueva vuelta es una mayor oportunidad de integrar lo que acontece

 

La espiral y el alma

Siendo seres que pertenecen a la naturaleza y forman parte de ella, no ha de sorprendernos que desde un punto de vista intrapsíquico nuestro funcionar sea también circular. Desde un punto de vista interior, al igual que las estaciones del año se refieren a «estados» parciales y transitorios, que se repiten periódicamente, en nosotros también habitan una pluralidad de estados, de yoes, de emociones, y también de pensamientos que se suceden una y otra vez, alternándose, en un giro que parece nunca acabar. Constatamos como en algunos momentos estamos alegres, y la alegría dura un tiempo, hasta que entramos de forma más o menos rápida en la emoción opuesta, la tristeza; pero en verdad es sólo cuestión de tiempo que la rueda vuelva a empezar y volvamos a la alegría. Ningún estado psicológico puede ser permanente, de la misma forma que el movimiento de la espiral no se detiene y avanza circularmente hacia su opuesto. Podrían citarse innumerables ejemplos. Puede poseernos por ejemplo la rabia, y nos volvemos agresivos y culpabilizadores con los demás. Pero, ¿cuánto dura la rabia y su efervescencia? En cambio, en ocasiones o determinadas facetas de nuestra vida podemos llegar a ser muy duros y exigentes con nosotros mismos, pudiendo llegar incluso a ser violentos, culpándonos; no obstante, en otras ocasiones somos indulgentes y evitativos, sin querer asumir responsabilidad. No somos un único estado, un único yo, sino una pluralidad de ellos. 

 

La práctica atenta a lo que somos, esencia de la meditación, nos permite descubrir ese baile de partes internas que habitan en nosotros, y también ver cómo funcionan, cómo es su alternancia. Sin embargo, más allá de comprender este baile de partes, no debemos olvidar la centralidad del punto, de ese punto donde no hay opuestos y que también somos: el alma. En ese lugar observamos y vemos en paz la alternancia de los opuestos y los cambios en nosotros, teniendo la posibilidad de comprenderlos. El trabajo con la meditación es ante todo un trabajo de la búsqueda de ese centro, que nos permite tomar mayor conciencia de la circularidad y transitoriedad de nuestros estados psicológicos internos.

 
La espiral y el camino existencial del alma
espiral y destino
La espiral como destino del alma.

Habiendo considerado nuestra alma como el estado unitario, ese punto central de la espiral que en estados de meditación profunda podemos «recordar», vamos a tomar en cuenta ahora la perspectiva más existencial, aquella que más que centrarse en el alma misma, se centra en el «viaje del alma», en todo aquello que hemos venido a experimentar en nuestra vida humana particular. En efecto, ya desde nuestra concepción y nacimiento venimos con una inercia. Esta inercia genera el movimiento inicial de nuestro vivir, desde nuestra infancia, en nuestra familia y sociedad de origen. Desarrollamos un condicionamiento particular y un carácter, así como todo tipo de deseos, aptitudes, valores y demás tendencias psicológicas, que marcarán los eventos futuros de nuestra vida y cómo respondemos a ellos. Si le damos un sentido al futuro y a nuestra existencia, entonces tenemos que considerar la posibilidad que todo lo que vivimos es un aprendizaje, un aprendizaje para algo. Todo ha de tener pues un propósito o fin, que todavía no conocemos. Lo que se desarrolla en nuestra vida es una obra, una creación, y tiene un valor y un sentido. El punto que empezamos siendo en nuestro nacimiento va convirtiéndose en una espiral llena de valor y significado que se desarrolla en el transcurso de nuestra vida. 

 

El antropólogo y mitólogo Joseph Campbell considera que la realización sigue un patrón circular. Es el «camino del héroe» , que puede dividirse en un total de tres tiempos o periodos, correspondientes a un total de diecisiete etapas 2. Existe un periodo inicial, de «salida»o «separación», donde se abandona lo ordinario y se inicia un camino hacia lo desconocido, para adquirir así una serie de capacidades y regresar de vuelta a ese mundo ordinario. De esta manera, el camino termina en el mismo punto que empezó: en el mundo ordinario. No obstante, cuando volvemos a lo ordinario, nosotros ya no somos los mismos. Este es el significado de la espiral: no importa cuántas veces nos encontremos con situaciones similares en nuestra vida, importa que a cada nuevo encuentro nosotros ya no somos los mismos, pues hemos realizados nuevos aprendizajes

 

En términos parecidos, C.G. Jung nos habla del camino de individuación del individuo en el sentido de una realización, de llegar a ser algo. Se trata del viaje de nuestra alma y las vicisitudes por las que tiene que transcurrir en la adquisición de nuevos aprendizajes. En palabras del catedrático de psicología Vázquez Fernández, este camino 

“expresa la auténtica realización del sujeto humano, en su plena madurez espiritual, consiguiendo actualizar los arquetipos humanos, […], reconocer e integrar su sombra, dejarse iluminar por el arquetipo del espíritu o del sentido espiritual de la vida y encontrarse finalmente con sí-mismo.”  3

 

Es interesante tomar en cuenta también la importancia que adquiere el concepto de la «sombra» en la obra de Jung. La idea de integración de la sombra, idea que ha dado y sigue dando mucho que hablar dentro de la psicología analítica, es también trasladable al paradigma de la Terapia Gestalt. La sombra es lo opuesto, lo oculto, lo inconsciente que no vemos y tan bien expresan los sueños. La sombra guarda mucha relación con el significado del círculo, en tanto que el movimiento circular de la espiral implica que siempre que se está en un punto del círculo, hay frente a nosotros un punto opuesto especular, una “sombra” que no vemos y debemos integrar. En la medida que somos capaces de integrar eso opuesto a nosotros mismos avanzamos más rápidamente hacia nuestro propósito existencial.  En palabras de Vázquez Fernández y en referencia al proceso de individuación del que nos habla Jung, esta realización sucede

“en aquellos sujetos que no se contentan con ser uno de tantos, deseando con todo su ser realizar las potencialidades humanas de su incógnito y misterioso mundo interior, no imitando simplemente a otros y siguiendo un camino trillado, sino embarcándose en la gran aventura de llegar a ser con autenticidad sí-mismos.” 4

 

Es por este motivo que tanto la psicología analítica de Jung como la Terapia Gestalt, entendida en su dimensión personal y transpersonal, pueden ayudarnos en nuestro proceso de integración de lo opuesto, de nuestra sombra, actualizando así el significado de la espiral, ayudándonos a progresar en nuestro camino hasta convertirnos en lo que auténticamente somos. 

 

Referencias:

1 – Eric G. Chipman, Donald L. De Vincenzi, Bevan M. French, David Gilman, Stephen P. Maran, Paul C. Rambaut , Thomas A. Mutch. A Meeting with the Universe. https://history.nasa.gov/EP-177/toc.html

2 – Campbell, Joseph. «El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito». México: Fondo de Cultura Económica. 2001.

3 –  Vázquez Fernández, Antonio. «Freud y Jung: exploradores del inconsciente», pag 175. Madrid. Ediciones Pedagógicas. 

4 – Ibídem.

Imágenes:

Imagen portada. http://espiral-inspirar.blogspot.com/2015/04/

Espiral vista en 3D: la proyección del punto al círculo. https://forums.sketchup.com/t/how-do-you-draw-a-spiral-both-flat-like-a-clock-spring-and-vertical-like-a-car-spring/39702/6

La Vía Láctea, una doble espiral. http://www.rtve.es/noticias/20190206/via-lactea-esta-retorcida/1880081.shtml

Círculos concéntricos y centro en el trazado de una espiral. https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral

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